ENTREVISTAS

La seria advertencia tras el uso de las gafas inteligentes que pone en jaque la privacidad de los usuarios

Juan Pablo Figueroa revela el peligro de las gafas inteligentes de Meta: acoso masivo, filtración de videos íntimos y el vacío legal en Chile.

Gafas Inteligentes Web
Getty Images

La llegada de las gafas inteligentes de Meta a Chile, comercializadas a un precio promedio de entre 450.000 y 480.000 pesos, ha encendido las alarmas sobre la privacidad ciudadana. Estos dispositivos combinan diseño de moda con cámaras, micrófonos y un asistente de inteligencia artificial. En consecuencia, el debate ético y legal sobre la vigilancia silenciosa se ha vuelto urgente.

Para profundizar en este escenario, en Palabra Que Es Noticia de Radio Futuro conversamos con Juan Pablo Figueroa, periodista, magíster en políticas públicas y director del Laboratorio de Ciudadanía, Información y Verificación. El especialista advierte que nos encontramos ante una transformación radical de la convivencia en los espacios públicos y privados.

El fin del «gesto universal» y la mimetización tecnológica

En primer lugar, es crucial comprender cómo esta tecnología ha logrado masificarse a diferencia de intentos previos. Google fracasó años atrás con un diseño tosco que la gente rechazó de inmediato. Sin embargo, Meta adoptó una estrategia diferente al aliarse con prestigiosas marcas de anteojos tradicionales.

Al respecto, Figueroa explica que «la tecnología por sí sola no es mala, es el cómo se implementa y cómo se va aplicando». Asimismo, destaca que «Meta fue un paso más allá y fue súper inteligente en ese sentido. Metió su tecnología en la moda que todos quieren, los Rivan, los Oakley». Gracias a este camuflaje, los lentes pasan completamente desapercibidos en la vida cotidiana.

Espionaje invisible y la crisis del consentimiento

Por otro lado, esta asimilación estética destruye el acuerdo social básico de la captura de imágenes. Anteriormente, cualquier persona sabía cuándo estaba siendo grabada porque el emisor debía sostener un teléfono. En la actualidad, esa barrera física ha desaparecido por completo.

Según Figueroa, ahora «no tienes que hacer este gesto universal de sacar el teléfono y ponértelo frente a la cara». Como resultado, el consentimiento de terceros queda totalmente anulado. El experto enfatiza la gravedad de esta situación en el día a día: «Con esto se rompe en cierta forma el acuerdo que existía hasta ahora con la tecnología y con la inteligencia artificial […] si yo tengo estos anteojos, puedo estar grabándote en este momento, y no necesito pedirte el consentimiento».

La filtración de la intimidad en la moderación de datos

Además del riesgo inmediato en la calle, el procesamiento de la información recolectada por las gafas expone datos sumamente sensibles. Una reciente investigación de periodistas suecos reveló que Meta subcontrató a la empresa Sama en Nairobi, Kenia, para clasificar las imágenes capturadas por los dispositivos.

Durante ese proceso, los trabajadores estuvieron expuestos a registros de alta confidencialidad. Figueroa detalla que los moderadores de contenido «habían visto de todo, o sea, escenas sexuales, desnudos, documentos privados, documentos de salud de las personas, espacios privados, habitaciones, todo y todo lo que ocurre ahí alrededor». Por lo tanto, las imágenes captadas sin consentimiento terminan siendo revisadas por terceros en condiciones desreguladas.

Hostigamiento digital y el sesgo de género

Por otra parte, la difusión de estos contenidos en plataformas digitales tiene un impacto directo y desproporcionado sobre ciertos grupos de la población. Un estudio de la Universidad de Sydney analizó un gran volumen de estos videos publicados en redes sociales.

Los resultados de dicha investigación son alarmantes. Figueroa señala que «analizaron que el 60% de esos videos termina siendo acoso y ser selectivo principalmente a grupos de mujeres o a grupos minoritarios». El especialista advierte que muchas víctimas sufren una «exposición completamente involuntaria» y que, aunque ocurra en la calle, «no todo lo que pasa en el espacio público debe ser publicado».

Inclusión versus desprotección legal reactiva

No obstante, Figueroa aclara que el dispositivo también posee funciones altamente beneficiosas para la accesibilidad. Por ejemplo, permite la asistencia en tiempo real para personas con discapacidades. El periodista valora estos aportes: «Esta tecnología, por ejemplo, para personas con dificultad visual te permite mapear el espacio y poder moverte bien. Dos, poder leer letreros si es que estás lejos. Tres, si es que tienes problemas auditivos, te puede transcribir una conversación […] Tiene su utilidad, incluso puede llegar, siendo bien utilizada, a ser bastante inclusiva».

Sin embargo, el vacío regulatorio en Chile deja a los ciudadanos desprotegidos frente al mal uso de estas herramientas. La legislación nacional actual no previene la captura no autorizada de imágenes, dejando únicamente la opción de querellarse tras el daño.

Finalmente, Figueroa concluye con una preocupante advertencia sobre el sistema judicial chileno: «con la legislación que hay y con los marcos legales que existen, la respuesta generalmente va a ser más reactiva. […] La ley de protección de datos privados genera también un cierto marco de mayor protección, pero es más bien reactivo, o sea, va a ser a la demanda». En consecuencia, el debate sobre los límites de la vigilancia inteligente apenas comienza.


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