El año 1987 fue un torbellino definitivo para Motörhead. Mientras el glam comenzaba a perder terreno frente al auge de los sonidos extremos, placas monumentales como Appetite for Destruction de Guns N’ Roses, Hysteria de Def Leppard y Keeper of the Seven Keys de Helloween reconfiguraban el mapa de las guitarras.
En medio de esa marea, la máquina más demoledora del planeta tenía su propia batalla que librar. El 5 de septiembre de 1987, Motörhead lanzaba al mercado su octavo disco de estudio, Rock ‘n’ Roll.
El fin de la era Ace of Spades
Lejos de la clásica formación de power trío de los años de Ace of Spades, este período consolidó una muralla sonora reforzada por dos guitarristas. El tándem demoledor de Phil Campbell y Würzel así lo muestra. Además, el álbum marcó el retorno tras los tambores del histórico Phil «Philthy Animal» Taylor (luego de la salida de Pete Gill). Así completaron un cuarteto que apostó por duplicar el ataque rítmico y melódico.
La inclusión definitiva de dos guitarras le dio a la banda una densidad distinta. Mientras Würzel se lucía metiendo un slide furioso en cortes como «Stone Deaf in the USA», Campbell sostenía el peso del riff clásico en trallazos como «Dogs». Por otra parte, también lo hacía en «Traitor» y en el himno que da título a la placa, «Rock ‘n’ Roll».
Una producción de alta calidad
A nivel técnico, el trabajo superó la criticada producción de su antecesor Orgasmatron (1986). Ofrecía un audio más nítido y frontal bajo el sello GWR Records. Sin embargo, el proceso creativo tuvo destellos de humor ácido e improvisación pura de estudio. Por ejemplo, allí se incluye el curioso y bizarro track hablado «Blessing», que contó con un cameo del célebre comediante de Monty Python, Michael Palin.
A pesar de la fuerza de sus canciones, Rock ‘n’ Roll no logró conquistar los rankings comerciales. Así, se convirtió de inmediato en uno de los álbumes más divisivos en la discografía de Motörhead.
Fracaso en listas, división de fanáticos y la palabra de Lemmy
Para un sector de los fanáticos más puristas, el disco representaba un coqueteo con un sonido menos pesado y más accesible. Esto ocurría en comparación a la furia corrosiva de sus primeros años. Para otros, se transformó con el tiempo en un trabajo de culto imprescindible y directo a la yugular.
Frente a las críticas de quienes acusaban a la banda de «ablandarse» o alejarse del metal tradicional, Lemmy Kilmister salió al paso con su honestidad y pragmatismo habitual:
«Bueno, Motörhead siempre ha sido una banda de Rock ‘n’ Roll. Que metal aquí y metal allá… ¡es puro Rock ‘n’ Roll!», sentenciaba el eterno bajista.
El tibio recibimiento comercial del álbum empujó a la banda a un inusual receso de cuatro años en los estudios hasta la llegada de 1916 en 1991. Sin embargo, a casi cuatro décadas de su publicación, Rock ‘n’ Roll se erige como el testimonio fiel de un Lemmy fiel a sus raíces, sin concesiones y disparando a todo volumen.
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