COLUMNA DE OPINIÓN

En «Mis muertos tristes», «Pablo Larraín busca mostrar la degradación social y la violencia»

René Naranjo analiza el paso por San Sebastián de la nueva serie del director chileno inspirada en los cuentos de Mariana Enríquez.

Pablo Larrain Mariana Henriquez Web
El País

El prestigiado certamen cinematográfico de San Sebastián presenció una exhibición audiovisual de alto impacto. El cineasta chileno Pablo Larraín decidió adaptar su nueva producción televisiva para presentarla en formato de largometraje de tres horas. Sobre esta particular estrategia de exhibición, el periodista y crítico de cine René Naranjo detalló en su columna de Palabra Que Es Noticia que «en este momento se está desarrollando el Festival de Cine de San Sebastián en el País Vasco español, que es uno de los festivales más importantes a nivel global». Por consiguiente, la proyección capturó de inmediato la atención de la prensa internacional.

En relación con la diferencia entre la versión cinematográfica y lo que llegará al público digital, el especialista explicó la estructura del proyecto. Según señaló Naranjo, «la serie dura 3 horas 45 minutos; son cuatro capítulos de 50 y algo minutos y él presentó una versión de 3 horas, hizo una película a partir de la serie». Además, el periodista recordó que esta doble modalidad recupera una tradición de prestigiosos autores europeos como Ingmar Bergman.

Un retrato sobre la degradación social y la pobreza en el conurbano

La obra no solo destaca por su factura técnica, sino también por el complejo entorno geográfico donde fue filmada. La productora Fábula trasladó todo su equipo hacia Argentina para retratar una realidad cruda e impactante. Con respecto al complejo escenario urbano elegido por la realización, Naranjo afirmó que «esta vez Pablo Larraín y Fábula filman en Buenos Aires, en la provincia de Buenos Aires, lo que los argentinos llaman el conurbano, en un sector que se llama Piedra Buena, que está absolutamente destruido por las políticas del gobierno de Milei y donde todas las casas están a la venta, donde ha proliferado la delincuencia y la pobreza».

En consecuencia, el paisaje urbano marcado por el deterioro económico funciona como un reflejo directo del estado emocional de sus habitantes. Por un lado, la hostilidad del entorno potencia los conflictos dramáticos. Por otro lado, la vulnerabilidad del sector acentúa la tensión vivida por los personajes a lo largo de cada episodio.

«Los muertos no se van»: la conexión con Mariana Enríquez

El argumento de la producción se nutre directamente de la reconocida literatura gótica de la escritora argentina Mariana Enríquez. La historia sigue a una doctora gastroenteróloga, interpretada por Mercedes Morán, quien regresa a su hogar para cuidar a su madre agonizante. Durante esa estancia, la protagonista enfrenta sucesos paranormales inevitables. Sobre esta premisa central, René Naranjo sostuvo que «la protagonista tiene la capacidad de ver y escuchar a los muertos».

Asimismo, el crítico profundizó en el dilema existencial que plantea el relato a través de su dimensión sobrenatural. En este sentido, Naranjo resaltó que «la serie parte de una premisa: los muertos no se van, los muertos se quedan. Esta es una pregunta que ha atormentado a la humanidad desde tiempos inmemoriales: ¿dónde van las almas de las personas que fallecen? En la serie se quedan en el mismo lugar donde murieron». Debido a esto, las almas de los fallecidos conviven día a día con los habitantes del lugar.

Una saga de personajes femeninos complejos y potentes

Por otra parte, la narrativa está guiada por roles femeninos de profunda intensidad dramática. El elenco liderado por Mercedes Morán y Dolores Fonzi sostiene una dinámica familiar llena de matices. Según explicó el especialista, la dirección de Larraín logra profundizar con maestría en la naturaleza humana. Al respecto, el crítico remarcó que «Pablo Larraín es un cineasta que busca llegar al fondo de los temas para mostrar la violencia, para mostrar la degradación de este sector social y también la intensidad de las relaciones de madre, hija y hermana».

Del mismo modo, adaptar la narrativa gótica trasandina implicó asumir un importante reto artístico. En cuanto a la dificultad de este traspaso hacia la pantalla, Naranjo indicó que «Mariana Enríquez es una escritora extraordinaria de misterio y terror que realmente mezcla el terror, el misterio y la realidad de una manera increíble. Ella ya tiene un universo muy poderoso y llevarlo a la pantalla es un tremendo desafío». No obstante, el realizador chileno logró trasladar aquella atmósfera en su totalidad.

La ruptura con la estructura convencional de Netflix y la crítica al Gobierno

A diferencia de las fórmulas comerciales habituales en las plataformas digitales, esta entrega propone una narrativa mucho más reflexiva. René Naranjo hizo hincapié en que «no es para nada la serie convencional de Netflix. Aquí Pablo abre un abanico de personajes y de situaciones conmovedoras sobre la relación entre los vivos y los muertos». De igual manera, el periodista enfatizó que «esto va sobre los personajes, sobre la situación, sobre el entorno social y la relación entre pobreza y miedo».

Finalmente, el paso del director chileno por el certamen no estuvo exento de declaraciones sobre la contingencia cultural de su país. Durante los encuentros con los medios, Larraín cuestionó la falta de homenajes tras la partida del histórico documentalista Patricio Guzmán. Respecto a esta postura, Naranjo aseveró en Palabra Que Es Noticia que «Pablo Larraín, ante los micrófonos del Festival de San Sebastián, hace esta crítica totalmente apropiada al señalar el silencio del Gobierno de Chile ante la muerte de un cineasta fundamental en la memoria y registro audiovisual de los últimos 50 años en Chile».


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