La historia del rock está llena de rupturas, pero pocas han tenido un eco tan profundo y competitivo como la de Peter Gabriel y su exbanda, Genesis. Aunque ambos caminos divergieron hacia el éxito masivo, el ascenso meteórico de Genesis bajo el mando de Phil Collins generó una herida profunda en el hombre que alguna vez fue el rostro del rock progresivo más teatral.
Según el crítico de música Marcelo Contreras en su columna de Palabras Sacan Palabras, este conflicto no fue solo una cuestión de egos, sino un fenómeno comercial que Gabriel no vio venir. En 1986, este duelo llegó a su punto máximo cuando el álbum So de Gabriel y Invisible Touch de Genesis compitieron por el dominio total de las listas de éxitos.
El ascenso de Phil Collins y la herida de Gabriel
La salida de Peter Gabriel de Genesis en 1975, tras la gira de The Lamb Lies Down on Broadway, marcó el inicio de una nueva era. Lo que pocos esperaban era que la banda, con el baterista Phil Collins asumiendo el rol de cantante, superara rápidamente los logros de su etapa anterior.
Marcelo Contreras explica que este cambio de jerarquía tuvo un impacto emocional significativo en el artista. Al respecto, el crítico señala: «cuando Genesis se queda finalmente con Phil Collins como cantante, el primer disco que sacan vende más que todos los discos que habían sacado con Peter Gabriel».
Esta realidad comercial no pasó desapercibida para el exlíder. Contreras enfatiza que «eso a Peter Gabriel lo afectó muchísimo, lo golpeó durísimo porque además ya la relación venía superdgastada». La tensión no era solo con Collins, sino especialmente con el tecladista Tony Banks, a quien Contreras describe como «bien cascarrabias… un tipo complicado, duro».
1986: El año del choque frontal
A mediados de los 80, ambos nombres eran omnipresentes. Phil Collins se había convertido en lo que Contreras define como «una especie de señor omnipresente… estaba en todo». Sin embargo, 1986 fue el año en que sus producciones discográficas más exitosas se encontraron cara a cara.
Gabriel lanzó So en mayo de aquel año, mientras que Genesis publicó Invisible Touch solo un mes después. La competencia fue feroz y directa. Contreras recuerda un hito fundamental en este duelo: «Sledgehammer sacó del número uno al single de Invisible Touch». Fue un momento simbólico donde el arte experimental de Gabriel logró imponerse, al menos temporalmente, sobre la maquinaria pop de su antigua banda.
¿Arte oscuro o pop extremadamente comercial?
La diferencia entre ambos proyectos era evidente para la crítica y los fans. Mientras Genesis abrazaba un sonido que Contreras califica como «muy ochentero» y «extremadamente pop», Gabriel intentaba algo más complejo.
Para Contreras, la propuesta de Gabriel en So mostraba «una cosa bastante más artística en ese sentido por parte de Peter Gabriel, que tiene a Daniel Lanois y es un disco bastante más oscuro». En contraste, el trabajo de Genesis bajo la producción de Hugh Padgham recibía críticas porque «se parecía mucho al material que estaba haciendo solista ya Phil Collins».
Incluso en la forma de trabajar se notaban las diferencias. Mientras Genesis improvisaba en el estudio, Gabriel era conocido por su meticulosidad extrema. Contreras describe al músico como un genio que «era lento para trabajar… pero un tipo muy ingenioso». Su objetivo en So era ambicioso: «siempre estaba muy preocupado la tecnología… para poder descubrir nuevas maneras de hacer música que tuvieran un rasgo artístico, pero a la vez comercial».
El legado de una rivalidad necesaria
A pesar de los sentimientos de Gabriel ante el éxito de Collins, Contreras concluye que en So el artista finalmente encontró lo que buscaba. Según el crítico, es en ese disco donde Gabriel «realmente logra esa conjunción de manera perfecta» entre el riesgo creativo y el alcance masivo.
La competencia entre estos dos gigantes no solo alimentó las listas de ventas, sino que obligó a ambos a elevar sus estándares de producción. Mientras Collins dominaba el mundo con su carisma y melodías pegajosas, Gabriel respondía con videoclips innovadores en stop motion y una profundidad sonora que, décadas después, sigue siendo referencia obligatoria en la historia del rock.
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