Mahani Teave es, sin duda, una de las figuras más relevantes de la música chilena contemporánea. Formada en Valdivia, Estados Unidos y Alemania, se convirtió en la única artista del país en alcanzar el puesto número uno en el Billboard de música clásica con su álbum Rapanui Odyssey. Sin embargo, detrás del brillo de los escenarios internacionales, Teave libra una batalla diaria en su tierra natal para mantener viva la Escuela de Música Toki, donde 100 niños reciben formación gratuita.
En conversación con Andrea Moletto y Álvaro Paci en Palabras Sacan Palabras, la pianista reflexionó sobre su regreso a los escenarios nacionales, específicamente al Teatro Aula Magna de la Universidad Técnica Federico Santa María. Para ella, este recinto representa su historia: “Estoy muy feliz de regresar porque es un teatro que me vio desde muy jovencita. Me estaba tocando desde los 18, 19 años allá. El teatro me vio crecer de alguna forma”. Pero más allá de su carrera solista, su corazón está puesto en el impacto social de la música en la isla.
La música como refugio ante la droga y el alcohol
Para Mahani Teave, la enseñanza musical no es solo una cuestión académica, sino una herramienta de supervivencia social en un entorno marcado por el aislamiento. La artista explica con firmeza la necesidad de este proyecto: “Es un trabajo que es muy sanador para nuestras nuevas generaciones. Si tú entregas un instrumento a un niño que se está dedicando a él, básicamente no está en la calle drogándose. Tienen buenas influencias e inculcamos en ellos valores”.
La realidad en Rapa Nui, según relata, presenta desafíos complejos que a menudo se ignoran desde el continente. “En la isla hay mucho alcohol, las drogas están llegando muy fuerte, entonces es necesario tener espacios que resguarden la infancia y que la nutran. No se me ocurre nada mejor que la música para eso”. El proyecto Toki combina instrumentos clásicos como violín, piano y chelo con el resguardo de la cultura y el idioma rapanuí.
El «borde del precipicio»: la falta de apoyo estatal estable
A pesar del éxito artístico y el reconocimiento internacional, la sostenibilidad de la escuela es una preocupación constante que quita el sueño a la pianista. Actualmente, cuentan con apoyos del Ministerio de Cultura y la Municipalidad, pero estos recursos son insuficientes. “Estos dos juntos nos financian aproximadamente la mitad de nuestro funcionamiento. Todo el resto es a goteos de donaciones, tratando de levantar padrinos de los niños y socios colaboradores”.
La incertidumbre financiera ha llevado a la institución a situaciones límite. Teave confiesa la angustia que vive el equipo: “Octubre pasado tuvimos una crisis súper grande que estuvimos a un pelo de cerrar. Siempre estamos colgando como al borde del precipicio sin tener este financiamiento estable. Es una incertidumbre muy difícil de llevar”. Para ella, ser concertista requiere una dedicación del «500%», similar a la de un deportista de alto rendimiento, lo que hace que compatibilizar la carrera con la gestión de la escuela sea una tarea titánica.
Parámetros absurdos y centralismo burocrático
Uno de los puntos más críticos de su testimonio apunta a la burocracia estatal, que aplica criterios nacionales sin considerar las particularidades geográficas y económicas de Rapa Nui. Teave explica que la isla es mucho más cara que el continente y que las bases de los proyectos gubernamentales suelen ser «absurdas» para su realidad.
Como ejemplo, menciona las exigencias para realizar giras: “Postulamos a un proyecto para hacer una gira en agosto con los niños y nos piden una cierta cantidad de conciertos fuera de la región. El tema es que nosotros vamos a tocar en Viña, pero Viña nos queda a más de 3.700 km. Estamos cruzando todo un océano y ese concierto no cuenta como fuera de la región para las reglas del proyecto”. Esta falta de criterio territorial dificulta enormemente la planificación de un proyecto que ya beneficia a más de 130 jóvenes y se está expandiendo a jardines infantiles.
Una inversión en el futuro de la sociedad
Pese a las dificultades, Mahani Teave no está dispuesta a abandonar su sueño. Considera que los niños son el eslabón más frágil, pero también el más determinante: “Si tú piensas en el niño, que es el que en 20 años va a estar tomando las decisiones por todos nosotros, tienes que nutrirlo de lo que queremos que sea la persona que llevará el futuro”.
La pianista hace un llamado a la sociedad para entender que el arte es una inversión en sostenibilidad humana. “Si podemos apoyar a los niños estamos beneficiando a nuestra sociedad entera. El desarrollo humano en el que invertimos tiene que ver con la sostenibilidad como comunidad planetaria. Necesitamos empezar a pensar más allá de nosotros mismos”.
Además de su concierto este 11 de julio en la Quinta Región, Mahani invita a la comunidad a la próxima gira de los niños de la escuela en agosto, donde presentarán una fusión de música clásica, narrativa y baile rapanuí. Es, en última instancia, un esfuerzo por demostrar que la música puede cambiar el destino de una comunidad entera si recibe el apoyo adecuado.
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