Audioslave, la imponente alianza que unía el 80% del motor instrumental de Rage Against The Machine (Tom Morello en guitarra, Tim Commerford en el bajo y Brad Wilk en la batería) con el 20% restante y alma de Soundgarden, Chris Cornell, lanzó al mercado su segundo trabajo de estudio. Este disco fue Out of Exile.
A 21 años de aquel lanzamiento, este álbum no solo ratificó el éxito comercial de su debut homónimo de 2002. Además, marcó el momento exacto en que la banda dejó de sonar como la suma de sus partes. Así fundó una marca sónica con identidad propia.
Cuba, sobriedad y la evolución en el estudio
La gestación de Out of Exile estuvo marcada por una profunda evolución interna y un hito histórico sin precedentes. Apenas tres semanas antes del lanzamiento formal del disco, el 6 de mayo de 2005, Audioslave viajó a La Habana para presentarse ante más de 70.000 personas en un concierto gratuito. Además, se convirtió en la primera banda de rock estadounidense en realizar un espectáculo masivo al aire libre en Cuba.
En dicho show, el cuarteto probó en vivo gran parte del nuevo material, demostrando una cohesión musical impecable. Esta nueva química respondía en gran medida a la renovada estabilidad de Chris Cornell. Para este álbum, el cantante había dejado atrás un periodo de severas crisis personales, alcanzando una sobriedad que limpió y potenció su registro vocal notablemente.
Bajo la atenta mirada del legendario productor Rick Rubin y el ingeniero Brendan O’Brien, las sesiones de grabación abandonaron las estructuras rígidas y los riffs ultra pesados de Rage Against The Machine. En cambio, dieron paso a dinámicas mucho más eclécticas.
Los propios músicos señalaron en su momento que, si bien el primer disco arrastraba la inercia de sus agrupaciones de origen, en este segundo LP finalmente se sentían como una banda real. Ya no sentían que eran un proyecto de estudio nacido por recomendación de un productor.
Un viaje entre riffs lineales y psicodelia densa
El deseo de forjar un camino independiente quedó sellado con la estructura sónica de las canciones de este larga duración. El tema homónimo, «Out of Exile», abre el espectro con un ritmo masivo que contrasta versos pausados con coros explosivos.
No obstante, fueron sencillos como «Be Yourself» y «Doesn’t Remind Me» los que redefinieron el sonido del grupo a través de melodías lineales y accesibles. A esto se sumaron algunas de las letras más explícitas y honestas que Cornell hubiese escrito hasta la fecha.
El álbum también se sumerge en la experimentación. Hacia el cierre del disco, «Dandelion» introduce un pulso pegadizo teñido de psicodelia. Al mismo tiempo, la garganta de Cornell se desborda de emocionalidad en cortes oscuros como «Heaven’s Dead» y «The Worm». Este último tiene una marcada influencia de la densidad clásica de Led Zeppelin.
Por su parte, Tom Morello desplegó lo mejor de su arsenal de efectos y texturas en «Drown Me Slowly», «The Curse» y «Yesterday or Today». Además, mimetizó su guitarra con teclados y sintetizadores mediante un uso magistral del wah-wah y el interruptor de pastillas (killswitch).
Recepción comercial, críticas y un legado de dos décadas
La respuesta del público ante el lanzamiento fue un éxito rotundo. La secuela del homónimo de Audioslave debutó inmediatamente en el número 1 del Billboard 200 en los Estados Unidos, despachando más de 263.000 copias en su primera semana. Así, alcanzó rápidamente la certificación de disco de platino.
La recepción de la prensa especializada fue mayoritariamente cálida y elogiosa; medios como AllMusic destacaron el álbum por ser una entrega directa, dura y memorable. Además, celebraban que la agrupación se hubiera desmarcado de la etiqueta de «los Rage con el cantante de Soundgarden».
Incluso las facciones más duras de la crítica admitieron que la calidad vocal de Cornell se encontraba en uno de sus puntos más altos desde los años de Temple of the Dog.
A más de 20 años de su estreno, el legado de Out of Exile reside en su valor como manual de estilo para el rock alternativo y el post-grunge del nuevo milenio. Además, el sonido «Audioslave» se convirtió en una verdadera marca registrada. Sirve como fuente de inspiración para numerosos guitarristas y proyectos contemporáneos.
Aunque la magia del cuarteto se apagaría poco tiempo después con el lanzamiento de su tercer y último disco Revelations (2006), este segundo esfuerzo quedó grabado a fuego en la historia del rock. Es la prueba irrefutable de que las verdaderas superbandas sí pueden trascender a sus propios mitos.
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