Los registros históricos de monitoreo climático acaban de romper sus propios márgenes. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que el actual episodio del fenómeno de El Niño se mantendrá firmemente establecido durante los próximos meses.
Además, extenderá su presencia hasta febrero de 2027. Esto generará un escenario de alta volatilidad meteorológica cuyos impactos se dejarán sentir durante años a escala global y local.
El impacto estival en la zona central de Chile
La secretaria general del organismo internacional, Celeste Saulo, enfatizó que la intensidad del evento no tiene parangón en las últimas cuatro décadas de seguimiento técnico.
Las proyecciones muestran que la temperatura de la superficie del océano Pacífico ecuatorial registrará anomalías de hasta 3,8 °C por sobre lo normal entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Esto superará con frecuencia el techo histórico de 3 °C observado en los eventos más severos del pasado.
En el contexto nacional, el paso de El Niño ya se ha traducido en episodios de lluvias cuantiosas, inundaciones y aluviones en períodos donde habitualmente no se registraban precipitaciones.
Sin embargo, de cara a los meses de verano, los climatólogos advierten sobre un doble frente de riesgo. Esto estará marcado por el alza sostenida de los termómetros y la posibilidad de eventos atmosféricos violentos.
De acuerdo con el investigador e ingeniero físico de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), Edgardo Sepúlveda, la estación estival estará dominada por temperaturas superiores a los promedios históricos.
En la zona central, las máximas normales oscilan entre los 30 y 32 °C. Existe un 70% de probabilidad de que los valores superen holgadamente ese umbral durante enero y febrero. Así, se incrementará la frecuencia y duración de las olas de calor.
Riesgo de incendios y chubascos violentos
Un factor de especial preocupación para las autoridades es el comportamiento del terreno. Las abundantes lluvias registradas durante los meses previos generaron un crecimiento anómalo de la vegetación.
Esta, al secarse frente al calor extremo del verano, se transforma en un combustible de alta peligrosidad para la proliferación de incendios forestales.
Por otro lado, la inestabilidad propia del fenómeno no permite descartar la irrupción de lluvias de corta duración pero de alto volumen en la Región Metropolitana y la zona centro.
Los modelos advierten sobre la eventual formación de nubes del tipo cumulonimbus. Estas son capaces de descargar precipitaciones intensas en breves ventanas de tiempo. Pueden estar acompañadas de tormentas eléctricas y granizadas que podrían alterar la infraestructura urbana.
Sigue a FUTURO.cl en Google Discover
Recibe nuestros contenidos directamente en tu feed.
Seguir en Google