Por primera vez en 34 años de historia, el Premio Nacional de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas de Chile distinguió a una investigadora. La galardonada es la profesora emérita de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Universidad Católica, Gloria Montenegro, quien suma más de cinco décadas dedicadas al estudio botánico.
Sin embargo, la científica hizo hincapié en la persistente brecha de género que afecta la dirección de los grandes centros científicos financiados por el Estado. Al respecto, en conversación con Andrea Moletto y Álvaro paci en Palabras Sacan Palabras, enfatizó su compromiso público con las futuras generaciones de investigadoras: «Como de alguna manera soy la primera mujer y tengo que sentirme que debo ser un modelo, decirle a las mujeres: se puede».
En este sentido, instó a las profesionales a asumir puestos de mando en el área. Sobre esto, subrayó: «A través de esta conversación, quiero motivar a las mujeres a que sean directoras de estos proyectos grandes».
De la conservación botánica a la búsqueda de antibióticos naturales
La trayectoria de Gloria Montenegro comenzó con el análisis del matorral nativo de Chile central y la preocupación por la conservación vegetal. Con el paso de los años, su trabajo evolucionó hacia la búsqueda de principios activos en especies endémicas.
Actualmente, su foco está puesto en hallar soluciones frente a la resistencia bacteriana. Según explicó la académica: «A mí lo que me apasiona en este momento es hacer investigación y lo que yo hago es hacer búsqueda de productos naturales con actividad biológica en plantas nuestras, en plantas nativas».
Por consiguiente, la científica articuló una hipótesis clave para conectar la flora nativa con la apicultura. En esa línea, sostuvo: «Si las abejas usan el néctar que viene de la planta, que son los compuestos químicos que dan la bioactividad, eso debiera traducirse en las propiedades biológicas de las mieles».
Asimismo, destacó la urgencia de transformar el conocimiento básico en valor productivo: «Innovar es el motor del desarrollo. Descubrir cosas nuevas, agregar valor a algo que ya existe para que el apicultor pueda comercializar mejor su miel».
Mieles nativas y proyección internacional con el sello APF
Gracias a esta línea de investigación aplicada, la académica creó un sistema de certificación científica para la miel chilena. El resultado de este trabajo fue la creación del sello de certificación antimicrobial denominado Active Patagonia Factor (APF).
En relación con este logro tecnológico, Montenegro afirmó: «Desarrollé el sello Active Patagonia Factor, que es un factor de actividad antimicrobial de las mieles chilenas con el cual puedes exportar esa miel con valor agregado». De este modo, el producto nacional ha logrado ingresar exitosamente a mercados exigentes como los Emiratos Árabes, China y Japón.
Entre los distintos tipos de miel analizados, la miel de ulmo destaca por sus extraordinarias capacidades. Respecto a sus cualidades químicas, la investigadora señaló: «Esta miel es la que tiene el poder antibacterial más fuerte descrito para Chile y es comparable con una miel neozelandesa que es la miel de Manuka».
En efecto, los análisis de laboratorio ratifican su efectividad frente a diversos patógenos humanos. Sobre estos ensayos, la experta detalló: «Específicamente el APF lo hicimos contra Escherichia coli, Staphylococcus aureus y Salmonella typhi».
Saberes ancestrales y descubrimientos en el desierto de Atacama
Por otra parte, la labor de la Premio Nacional se caracteriza por integrar el conocimiento tradicional campesino con las metodologías científicas. A través de talleres de cosecha sustentable, su equipo ha aprendido directamente de recolectores y apicultores locales.
Sobre esta sinergia de conocimientos, la botánica recordó: «Lo más gratificante fue trabajar con ellos, enseñarles la cosecha sustentable y recibir también mucho conocimiento ancestral del uso de las plantas». Un ejemplo de ello fue la nalca (Gunnera tinctoria), cuya evaluación confirmó potentes propiedades digestivas.
De igual manera, sus exploraciones más recientes se concentran en el norte del país. Sobre este nuevo frente de investigación, precisó: «En el desierto de Atacama estoy encontrando mieles únicas para el mundo, originadas de flora endémica de distribución súper restringida».
Incluso, este trabajo en el desierto arrojó hallazgos médicos prometedores. Al referirse al caso de una apicultora de Canto del Agua, relató: «Una apicultora me dijo que se sanó de Helicobacter pylori con su miel, así que llegué a trabajar con la Facultad de Medicina de la UC y nos ha ido regio con los resultados».
Ciencia interdisciplinaria y formación de capital humano
Para la investigadora, el éxito de la ciencia radica en la convergencia de distintas disciplinas y en la transferencia directa a la sociedad. Por ello, su grupo de trabajo incorpora a profesionales de áreas como la antropología y la química.
Al fundamentar esta estructura, la catedrática sostuvo: «Yo creo firmemente que uno tiene que hacer investigación interdisciplinaria. En mi grupo tengo una antropóloga». Además, remarcó la premisa de entregar valor directo: «Siempre he salido transfiriendo mis resultados lo más rápidamente y directamente al usuario».
Finalmente, la académica abordó en Palabras Sacan Palabras las brechas en la formación de investigadoras e investigadores jóvenes. Aunque valora la inteligencia artificial en la docencia, advirtió sobre la falta de financiamiento público para posgrados: «Hoy día usamos la inteligencia artificial como herramienta docente, pero necesitamos mayor financiamiento porque solo estamos aprobando un 25% de los postulantes a becas de doctorado».
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