El nombre de Gary Glitter hace mucho tiempo que dejó de asociarse a los escenarios y las lentejuelas. Ahora se convierte en sinónimo de uno de los historiales penales más sombríos de la industria musical.
Ahora, el ex ícono del glam rock y agresor sexual convicto se enfrenta a un nuevo y lapidario proceso judicial. Los cargos que se le imputan son escalofriantes. Se le acusa de relaciones sexuales ilícitas con una menor de 13 años. Además, se le imputan tres cargos adicionales por agresión indecente contra una niña menor de 14 años.
Los fantasmas de la década de los setenta salen a la luz
Aunque el proceso legal se reactivó recientemente, los eventos que se están investigando nos remontan a las épocas de mayor auge y excesos en la vida de Gary Glitter.
Se sabe que las indagatorias oficiales sobre este caso específico comenzaron a gestarse en 2025. Sin embargo, los crímenes habrían ocurrido mientras Gadd residía en el sector oeste de Londres, en un periodo comprendido entre los años 1978 y 1981. Con la maquinaria legal en marcha, el ex cantante deberá dar la cara en el Tribunal de Magistrados de Westminster el próximo mes.
Un prontuario criminal imperdonable
Para el ex músico, los fríos pasillos de las prisiones ya son su residencia habitual tras una seguidilla de condenas. Estas condenas sepultaron por completo cualquier rastro de su legado artístico. Su caída definitiva comenzó en 1999. En ese año fue sentenciado a cuatro meses de prisión y obligado a ingresar al registro de delincuentes sexuales del Reino Unido. Además, se declaró culpable de poseer miles de imágenes indecentes de menores.
En 2008, el horror cruzó continentes cuando completó una condena de tres años en una cárcel de Vietnam por cometer actos obscenos contra dos niñas de apenas 10 y 11 años de edad. Finalmente, a principios de 2015, la justicia fue más severa y le impuso una sentencia de 16 años por intento de violación y múltiples agresiones indecentes. Actualmente tras las rejas, y habiéndosele denegado la libertad condicional en 2025, estos nuevos e inquietantes cargos podrían asegurar que jamás vuelva a pisar las calles.
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