Si miramos el calendario del rock de mediados de los noventa, 1995 es un año de extrañas transiciones. Mientras el mundo celebraba el Día de la Independencia de Estados Unidos, un lanzamiento discreto bajo el sello independiente Roswell Records aterrizaba en las estanterías.
No tenía foto de la banda ni grandes campañas promocionales, solo el nombre de un misterioso grupo al frente: Foo Fighters.
Lo que la gran mayoría ignoraba en ese momento es que ese disco homónimo no era la obra conjunta de una nueva agrupación. En realidad, era el exorcismo personal, íntimo y acelerado de un solo hombre. Y más importante aún, de forma casi accidental, Dave Grohl acababa de encender la chispa de lo que se convertiría en el movimiento post-grunge.
La primera chispa de una nueva era sin el grunge
Para comprender por qué este debut es el verdadero punto de partida de una nueva corriente musical, es fundamental observar el ecosistema sonoro de 1995. El grunge clásico seguía vivo, pero respiraba con una pesadez abrumadora.
En ese mismo año, Soundgarden se encontraba en plenas grabaciones del denso y oscuro Down on the Upside. Además, Alice in Chains estaba a punto de lanzar su melancólico y arrastrado álbum homónimo. Por otro lado, Stone Temple Pilots seguía rugiendo en el grunge, pero lidiando con sus propios demonios internos. La atmósfera general del rock de Seattle seguía anclada en la densidad y el luto.
Dave Grohl venía de enfrentar la peor tragedia imaginable tras perder a su compañero y amigo Kurt Cobain en abril de 1994. Ante ese abismo emocional, tomó una decisión con un espíritu puramente renacentista. En vez de dejarse arrastrar por la pesadez que dictaba su entorno, corrió en dirección contraria.
Canciones como «This Is A Call» y «Wattershed», escritas durante su propia luna de miel, le entregaron a una generación huérfana un himno inesperado de supervivencia. Esa radical honestidad, envuelta en guitarras luminosas, ritmos hiperactivos y una esencia punk rock, sentó las bases de un sonido que sacudiría y definiría toda la década siguiente.
Un hombre, un estudio y una maratón de locura
Antes de agotar entradas en estadios globales, este primer LP fue literalmente un ejercicio de terapia de choque y filosofía de hazlo tú mismo. Grohl rechazó ofertas tentadoras para unirse a bandas consagradas como la de Tom Petty. En cambio, decidió colgar las baquetas temporalmente, tomar la guitarra y reservar una semana entera en los estudios Robert Lang de Seattle. Allí, acompañado únicamente por su amigo y excompañero de piso, el productor Barrett Jones, se encerró a canalizar su duelo a través de la música.
La grabación, que tuvo lugar del 14 al 20 de octubre de 1994, fue una hazaña titánica impulsada por café y pura urgencia emocional. Grohl corría frenéticamente de una sala a otra; sudaba grabando las pistas de batería. Inmediatamente después colgaba la guitarra, luego grababa el bajo y finalmente las líneas vocales. Cada tema le tomó un promedio de 45 minutos. Además, se registraron en el orden exacto en que hoy suenan en el disco. La única intervención externa en todo el proceso fue la de Greg Dulli de The Afghan Whigs. Él aportó una pista de guitarra en «X-Static».
Estas canciones tenían sus raíces en maquetas que Grohl ya componía en sus días con Nirvana y que había editado en un casete llamado Pocketwatch bajo el seudónimo Late!, pero que, intimidado por el inmenso talento creativo de Cobain, nunca se atrevió a presentar a sus compañeros.
Ovnis y anonimato, el origen de Foo Fighters
El nombre del proyecto y de la disquera nació de la fascinación de Grohl por la ufología. Tomó inspiración del incidente de Roswell y del apodo que los aliados daban a los fenómenos aéreos no identificados en la Segunda Guerra Mundial: los foo fighters. Sin embargo, su inspiración más profunda era conceptual, buscando crear algo que impactara con la fuerza demoledora de Led Zeppelin. Adoptando este aura de misterio, repartió copias en casete entre sus conocidos. Sin saber que una de ellas llegaría a manos de un ejecutivo de Capitol Records.
Una vez que se firmó el acuerdo de distribución, las cintas fueron remezcladas en California por Rob Schnapf y Tom Rothrock para darles mayor variedad y musicalidad. Finalmente, se lanzaron el 4 de julio de 1995. Ante el éxito comercial y mediático casi inmediato, se hizo urgente pasar de un proyecto solista a una verdadera banda de rock.
Grohl reclutó velozmente al bajista Nate Mendel y al baterista William Goldsmith, aprovechando la reciente disolución de Sunny Day Real Estate. Además, sumó al legendario Pat Smear en la segunda guitarra.
Lo demás es historia pura del rock.
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