Un 18 de julio de 1966, el mundo del rock y el pop cambió de frecuencia para siempre. Se lanzaba como single «Wouldn’t It Be Nice», la deslumbrante pieza de apertura de Pet Sounds. Este álbum permitió que Brian Wilson no solo compitiera codo a codo con The Beatles. Además, redefinió los límites de la producción en estudio.
A seis décadas de su estreno, el impacto de sus armonías y su revolucionaria arquitectura sonora sigue intacto.
Como ya hemos analizado anteriormente al desglosar el viaje conceptual de Pet Sounds, este disco abandonó las tablas de surf y los autos deportivos. Ahora se sumerge en la complejidad de la mente humana. Y «Wouldn’t It Be Nice» es el caballo de Troya perfecto. Aunque está envuelta en un empaque pop supuestamente alegre, se esconde una profunda y desgarradora melancolía juvenil.
La sinfonía de bolsillo de Brian Wilson
Musicalmente, el tema es una obra de arte de la producción barroca. Inspirado por el «Wall of Sound» de Phil Spector, Wilson reclutó a los sesionistas de élite de The Wrecking Crew para superponer timbales, acordeones, saxofones y hasta un arpa. Ese arpa introduce la pista de forma celestial. Por otra parte, el contraste entre esa intro brillante y el golpe de batería que desata el ritmo es uno de los momentos más catárticos de la historia del rock.
Pero el verdadero fuerte de la canción (y el sello de la casa) radica en sus complejas armonías vocales. Los Beach Boys logran tejer una muralla de voces que parece flotar sobre la instrumentación. A su vez, transitan por modulaciones cromáticas que, para la época, eran impensadas en una canción de tres minutos destinada a las radios.
El peso de la inocencia
Líricamente, la canción captura la angustia existencial de la adolescencia: el deseo ferviente de crecer, de formalizar un amor que el mundo real frena y la frustración de tener que esperar. «¿No sería lindo si fuéramos mayores? / Entonces no tendríamos que esperar tanto», reza la línea inicial.
Es una utopía platónica que choca de frente con la madurez. Detrás del muro de sonido y las sonrisas soleadas de California, Brian Wilson proyectó su propia vulnerabilidad y el miedo al aislamiento. Así, convirtió un track bailable en un himno de añoranza.
A 60 años de que esa aguja tocara el vinilo por primera vez, «Wouldn’t It Be Nice» sigue siendo el testimonio de una época dorada. En ese tiempo, el pop se transformó en alta fidelidad y el rock se dio el permiso de ser vulnerable. Por eso, es una obra maestra eterna que hoy, en Radio Futuro, volvemos a celebrar en su máximo esplendor.
