Este sábado 18 de julio, el universo del metal alternativo está de fiesta. Daron Malakian, el indomable guitarrista, compositor y co-vocalista de System of a Down, cumple 51 años.
Nacido en Hollywood, California en 1975, Malakian rompió todos los moldes establecidos del Nu Metal y el Metal Progresivo de los noventa y dos mil. Además, le inyectó al género una dosis de esquizofrenia, velocidad, folclore armenio y una teatralidad única.
En Radio Futuro celebramos su cumpleaños con un repaso milimétrico por sus 10 mejores genialidades en las seis cuerdas:
«Sugar» (System of a Down, 1998)
Fue uno de los primeros manifiestos sónicos que Daron Malakian compuso para la banda. De este modo, dejó en claro su total desprecio por las estructuras convencionales al transitar abruptamente desde grooves cercanos al funk jazz hacia explosiones de metal ultra violento. En la guitarra, Daron da una clase magistral de control del tempo con un riff principal entrecortado y sincopado. Finalmente, cierra el track con un ataque de púa agresivo y disonante que definió la identidad de su aplaudido álbum debut.
«Chop Suey!» (Toxicity, 2001)
En la cumbre comercial de la banda, Daron demostró su genialidad compositiva al entrelazar la agresividad del metal con ganchos pop. También tomó la arriesgada pero brillante decisión de introducir guitarras acústicas de 12 cuerdas en las estrofas para acumular tensión.
«Toxicity» (Toxicity, 2001)
El guitarrista construyó este himno alternativo sobre una compleja métrica de 12/8, algo impensado para las radios de la época. Sin embargo, logró una cadencia rítmica circular e hipnótica. Su ejecución brilla gracias a un uso impecable del palm muting en el riff principal. Además, exige una fuerza brutal en la mano derecha para desatar los acordes disonantes que revientan en el clímax y simulan el caos urbano de la letra.
«Aerials» (Toxicity, 2001)
Para coronar el cierre de su obra maestra, Daron Malakian compuso una suite oscura e imponente bajando la afinación a Drop C para conseguir una resonancia mucho más profunda y cinematográfica. Aquí resalta con fuerza su herencia de Oriente Medio. Utiliza de manera limpia la escala menor armónica en un fraseo lúgubre que aprovecha al máximo el sustain de las cuerdas para dotar al tema de una carga emotiva gigante.
«Psycho» (Toxicity, 2001)
Esta pieza, diseñada compositivamente por Malakian para ser un torbellino de energía en los shows en vivo de System of A Down, guarda una de las pocas interpretaciones de corte tradicional e individual del guitarrista. Además, utilizando magistralmente el pedal Wah-Wah en el clímax, Daron se despacha un solo neoclásico ultra veloz, melódico y lleno de bending, tapando las bocas de quienes dudaban de su virtuosismo técnico más allá de los riffs rítmicos.
«Mr. Jack» (Steal This Album!, 2002)
Un viaje progresivo que muta desde un blues denso e hipnótico hacia un colapso absoluto de thrash metal de la vieja escuela. Malakian maneja las dinámicas de forma soberbia. Abre el track con arpegios limpios texturizados con efectos de modulación, para luego pisar el pedal de distorsión. Así, ataca con un riff veloz y punzante que requiere una sincronización milimétrica con la batería de John Dolmayan.
«B.Y.O.B.» (Mezmerize, 2005)
Esta pieza ganadora del Grammy es la obra cumbre de Malakian como arquitecto sónico, logrando fusionar velocidad thrashera, quiebres políticos y un coro de corte funk/R&B en menos de cuatro minutos. Por otra parte, la agilidad de su mano izquierda en el riff principal es una locura de hammer-ons y pull-offs a mil por hora.
«Question!» (Mezmerize, 2005)
La osadía de Daron en la composición llegó a su límite al experimentar aquí con métricas polirrítmicas sumamente intrincadas, cambiando constantemente entre compases de 9/8, 5/4 y 3/4. Su destreza con la guitarra acústica al inicio evoca de inmediato el folclore armenio. Así, logra que el posterior mazazo eléctrico calce justo en los tiempos débiles con acordes punzantes que demuestran su total dominio matemático del ritmo.
«Holy Mountains» (Hypnotize, 2005)
Este solemne y desgarrador homenaje a las víctimas del Genocidio Armenio funciona como el pilar emocional del díptico de la banda. El fraseo inicial de Malakian es puro sentimiento, imitando un llanto a través de escalas orientales. Luego, da paso a uno de los riffs más pesados de toda su discografía.
«Genocidal Humanoidz» (2020)
Tras 15 años de silencio, Malakian rescató esta composición para ir en ayuda humanitaria de Armenia, entregando un puñetazo directo de punk y metal clásico. El tema cuenta con un riff de corte Black Metal impulsado por un blast beat. Aquí el guitarrista ejecuta un tremolo picking salvaje y un solo caótico y disonante, demostrando que su velocidad, agresividad y pulso compositivo siguen completamente intactos.
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