The Real Thing es el álbum que vio el renacer de Faith No more y tras 37 años desde su lanzamiento, recordamos el inicio de la era Mike Patton en la agrupación.
Un mechón de dreadlocks arrancado a la fuerza colgaba del espejo retrovisor del auto de Jim Martin. Era el trofeo de guerra tras los combos que el guitarrista se había encajado con Chuck Mosley en el tramo final de la gira de 1988.
Tras dos álbumes donde el carisma tapaba a duras penas una afinación deficiente que la prensa británica despedazaba, Faith No More arrastraba una crisis de identidad. Buscaban un cantante, un puesto históricamente inestable por el que incluso había pasado fugazmente Courtney Love. Mosley era parrandero, incontrolable y solía subirse al escenario en un estado de ebriedad que apenas le permitía sostenerse en pie. La soga no daba para más.
De Chris Cornell al demo de Mr. Bungle
Antes de que el destino cambiara las cosas, la lista de sustitutos sumó nombres llamativos. El primer candidato fue Joe Pop-O-Pie, pero la mira apuntó alto: Chris Cornell. El líder de Soundgarden, amigo del baterista Mike Bordin, llegó a zapar con la banda, pero declinó la oferta por lealtad a su propio proyecto. «Gran voz, pero no para nosotros», admitiría luego el bajista Billy Gould.
Tras probar sin éxito a Roderick Palmer, apareció la carta bajo la manga de Jim Martin: un demo de Mr. Bungle titulado The Raging Wrath of the Easter Bunny. El guitarrista quedó estupefacto con un imberbe de 18 años llamado Mike Patton. «Suena como un gordo de 300 libras, grita y gruñe, necesitamos a ese tipo», decretó.
Patton, por entonces un limpio estudiante de Inglés y empleado de una disquería en su natal Eureka, no estaba muy convencido; de hecho, sus amigos de Mr. Bungle mostraban más entusiasmo que él. No venía de un hogar musical, pero desde niño dominaba su aparato fonador imitando cantos de aves. Tras un primer ensayo sorprendentemente fluido, la banda registró maquetas de futuras joyas como «Falling to Pieces» y «Surprise! You’re Dead!».
El sello Slash dio luz verde inmediata, aunque los fanáticos de la vieja guardia no la tuvieron fácil. En sus primeros shows en noviembre de 1988, Patton fue tildado de «macho idiota» por sectores cercanos al grupo. Gould lo resumía con crudeza: «Éramos tipos sucios y Chuck era un tipo sucio. De pronto traemos a este chico reluciente que canta más parecido a Iron Maiden que a Flipper. La gente no enganchó al principio».
El capricho vocal que definió una época
En diciembre de ese año se encerraron en el Studio D de Sausalito para registrar The Real Thing. Las instrumentales ya estaban compuestas, por lo que Patton se encargó de las letras, un oficio que, paradójicamente para alguien que aspiraba a ser poeta, odiaba hacer. El gran conflicto en el estudio estalló por su registro vocal.
En los demos, Patton lucía un tono natural con tintes R&B, pero para las sesiones definitivas decidió forzar un tono nasal y caprichoso. El productor Matt Wallace le suplicaba que usara su rango real, sintiendo que estaba desperdiciando su potencial, pero el veinteañero se plantó firme. Años después, Wallace reconocería el valor de esa terquedad: «Fue esa cosa adolescente, adenoidal y malcriada la que realmente conectó con la gente».
La explosión de «Epic» y la metamorfosis del heavy metal
El álbum debutó el 20 de junio de 1989. Aunque el arranque con «From Out of Nowhere» fue tímido en MTV, el terremoto definitivo llegó en enero de 1990 con «Epic». La rotación del videoclip (con el pez fuera del agua agonizando) empujó al track al número 9 del Billboard y firmó la sentencia de muerte del hair metal norteamericano.
The Real Thing se transformó en una cátedra de cómo estirar los márgenes del heavy metal si se tiene la audacia de mirar más allá del riff cuadrado. El disco paseaba sin complejos por el pop metalizado, el thrash corrosivo impregnado de humor negro en «Surprise! You’re Dead!», la complejidad progresiva de «Zombie Eaters» y «Woodpecker from Mars», la simbiosis perfecta con el rap en «Epic», y esa fina coctelería nocturna de jazz y soul llamada «Edge of the World».
La cima del mundo y un legado inquebrantable rumbo al 2027
El clímax de esa reconversión total se vivió en el show de lanzamiento en el teatro Roxy de Los Ángeles. Atrás quedaban los días de Mosley cayéndose borracho; ahora, en primera fila, miraban atentos ejecutivos de la industria y las cámaras de MTV. Esa noche, Slash y Duff McKagan de Guns N’ Roses se subieron al escenario para destrozar juntos «War Pigs» de Black Sabbath, mientras entre el público, los mismísimos Milli Vanilli bailaban con los músicos en la fiesta posterior.
A 37 años de esa bisagra sónica, y con el emocionante horizonte de su anunciado regreso para el próximo 2027, The Real Thing permanece intacto. No solo fue el nacimiento de la leyenda de Mike Patton en las ligas mayores, sino el testimonio de una Faith No More indomable que se negó a encajar y terminó cambiando las reglas del juego para siempre.
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