La llegada a los cines de la película biográfica de Michael Jackson se ha consolidado como la “más esperada del momento”, generando un fenómeno de interés masivo a pesar de que las primeras críticas provenientes de Estados Unidos “no fueron buenas”.
En su reciente análisis en Radio Futuro, el periodista y crítico de cine René Naranjo desglosa los pormenores de una producción que, al estar bajo el control de los herederos del artista, opta por un camino específico: “No nos vamos a meter en honduras”, señala Naranjo citando la postura de los productores frente a la compleja vida del cantante.
Una actuación que roza lo sobrenatural
El pilar fundamental que sostiene el metraje es, sin duda, su protagonista. Naranjo es categórico al calificar la interpretación de Jaffar Jackson, sobrino del «Rey del Pop», como el mayor acierto de la cinta. Según el crítico, el joven de 29 años logra una mimesis tal que “está poseído literalmente por el espíritu de Michael Jackson”.
Esta “especie de posesión electrizante” permite que el espectador se sumerja en la historia a pesar de los baches narrativos. Naranjo destaca que, hacia la mitad del filme, el público olvida que está viendo a un actor: “Jafar es igual a Michael Jackson… lo que está haciendo en pantalla es lo mismo”. Debido a este trabajo, el crítico vaticina que el protagonista “sin duda va a estar nominado a algún premio de fin de año”, mencionando los Globos de Oro como una posibilidad clara.
Entre el homenaje familiar y la omisión deliberada
Un aspecto crucial es la autoría del proyecto. Al ser producida por sus hermanos y John Branca, la cinta se enfoca en que Jackson fue un “talento increíble” con un “lado extremadamente luminoso”, dejando de lado las sombras. Naranjo advierte que la película esquiva los temas más espinosos: “el caso de los abusos sexuales, el tema de su relación con los niños no está”. Incluso aspectos de su transformación personal, como su “cambio físico”, las cirugías y el aclaramiento de piel, “apenas aparece mencionado”.
La estrategia narrativa es, según el periodista, “supercómoda”. La historia termina cronológicamente en 1987 con el lanzamiento del disco Bad, periodo previo a las grandes controversias judiciales. Naranjo explica que la película “está limpia en ese sentido, porque no es que lo obvie, sino que como fueron después lo saca, le corta”. Lo que no se cuenta en pantalla queda, simplemente, “omitido”.
El nudo dramático y el espectáculo musical
A falta de un análisis sobre sus escándalos adultos, el conflicto se traslada a su infancia. Naranjo señala que el guion se centra en la “relación terrible que tenía el niño Michael con este papá abusador, Joseph Jackson”. Es precisamente en este vínculo donde se encuentra el “nudo dramático de la película, la tensión entre Michael y su padre”.
Más allá del drama familiar, la película brilla como una experiencia sensorial. El crítico la define como “una fiesta para los fans, un gran karaoke bailable”. Destaca que la producción de los números escénicos es de excelencia, recreando hitos como la actuación en los “Grammys” y el lanzamiento de “Thriller”. En definitiva, la recomendación de Naranjo es clara para quienes asistan a las salas: “No hay que pedirle peras a este olmo cinematográfico, sino que verla como lo que es”: un sentido homenaje a la genialidad artística de un hombre que fue un “personaje perturbado emocionalmente”.
Sigue a FUTURO.cl en Google Discover
Recibe nuestros contenidos directamente en tu feed.
Seguir en Google