Corría el martes 5 de junio de 1979. Para la prensa musical de la época, la jornada comenzaba de la forma más terrenal posible: un joven Joe Elliott al volante de una maltrecha furgoneta Ford Escort blanca recogiendo a los invitados en la estación de trenes de Sheffield.
Tras una breve parada en la casa de los padres de Elliott para tomar té con galletas, el destino final era el Crookes Working Men’s Club, el escenario donde unos incipientes Def Leppard estaban a punto de dejar claro que no serían una banda más del montón.
El recinto, con sus techos altos y mesas de madera clara, recordaba más al comedor de una escuela que a la cuna de futuras estrellas de rock. Sin embargo, la atmósfera escolar se disipaba rápidamente al ritmo de los tragos baratos, creando un ambiente cálido, cómodo y considerablemente brumoso.
Un pequeño pero gigante debut
Cerca de las 10 de la noche, unos Def Leppard con rostros increíblemente juveniles irrumpieron en el escenario. La impresión fue inmediata. Su música era un heavy rock de alto octanaje, ejecutado con un nivel de precisión que generalmente solo se alcanza tras media docena de agotadoras giras por Estados Unidos. Si bien su recién lanzado EP independiente, Bludgeon Riffola, era bueno, no daba ninguna pista del dinamismo absoluto que la banda poseía en vivo.
Arrancando con la arrolladora «Glad I’m Alive», los británicos se adueñaron del escenario con un desenfreno salvaje, irradiando una confianza y un profesionalismo que contrastaban con su corta edad. Le siguió un soberbio cover de «Rosalie» de Bob Seger (popularizado por Thin Lizzy, por supuesto), y antes de que la audiencia pudiera tomar aliento, «Ride Into The Sun» hizo erupción desde los parlantes, sonando fresca y vital.
Del heavy metal más duro a Rush
«Esta próxima canción trata sobre la destrucción, como todas las canciones de heavy metal», anunciaba Joe Elliott antes de desatar la magistral «When The Walls Came Tumbling Down». Este bloque preparó el terreno para el clímax de la noche: «Overture». En vivo, el tema recibió el tratamiento de una verdadera obra magna, recordando por momentos el optimismo desolador del clásico 2112 de Rush. No había ni un solo rastro de la dirección pop-rock que la banda tomaría años después; esto era acero puro.
El resto del setlist pasó como un relámpago: «Beyond The Temple», «Sorrow Is A Woman», un potente cover de «Emerald», «Heat Street» y «Good Morning Freedom». El cierre llegó con «Wasted», un tema con innegables vibras a Kiss, antes de regresar para el encore final con «Getcha Rocks Off».
Mientras la banda abandonaba el escenario definitivamente, la madre de Joe Elliott se acercó a la prensa con el rostro serio y comentó: «No sé cómo soportaste el ruido». Pero, al mismo tiempo, era imposible no notar un brillo de inmensa emoción en sus ojos. Sabía que su hijo estaba haciendo historia.
El regreso de Def Leppard a Chile
Hoy, a más de cuatro décadas de esa sudorosa noche en Sheffield, esos mismos jóvenes que tocaban en clubes obreros son titanes absolutos del rock de estadio. Y la historia sigue escribiéndose, porque la maquinaria británica no se detiene.
Para coronar el legado de himnos inmortales y guitarreos precisos, Def Leppard regresará a Chile el próximo 10 de noviembre. El Movistar Arena será el epicentro donde colisionará la nostalgia y la vigencia de una banda que sobrevivió a tragedias, cambios de década y modas, manteniendo intacta esa misma energía eléctrica que desbordaban en 1979.
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