Hay regresos que operan por inercia nostálgica y otros que nacen de una urgencia por saldar cuentas con el presente. En el caso de Fother Muckers, el letargo de más de una década lejos de los estudios no funcionó como un punto muerto. Por el contrario, funcionó como un decantador de experiencias vitales.
Tras haber reencontrado el pulso sobre los escenarios, la agrupación encabezada por Cristóbal Briceño y Héctor Muñoz entrega Así se hace, su quinto larga duración. Es también una de las obras más lúcidas, honestas e intensas del rock chileno reciente.
Las claves detrás del nuevo sonido
«Así se hace» remonta su producción al estudio La Salitrera bajo el registro técnico de Claudio Becerra y Chalo González, con la asistencia de Tomás Volker. Por otro lado, las guitarras presentes en el LP fueron grabadas en su totalidad en las localidades de Estudio Subacuático con la supervisión de Diego Peralta.
El regresar tras más de una década y tener la intención de superar tus mayores himnos es complicado. Por ello, Martín Del Real, baterista del grupo, tuvo un rol crucial en encontrar esta nueva identidad y dirigir al quinteto en un camino que fuese clásico, pero también, una oportunidad de reinvención.
Por su parte, Briceño también fue clave en la dirección del LP, destacando su rol en las líricas, adoptando una madurez narrativa acorde al denso regreso que significa el quinto álbum de FM.
La génesis de la placa responde a una postura vital sin poses. Como bien explicitó Muñoz al pensar este reencuentro, ingresar a grabar no significaba replicar el arrojo juvenil de 2007 cuando debutaban con No Soy Uno. En cambio, significaba asumir la música sabiendo que se viene «de regreso y no de ida».
Esa perspectiva impregna cada compás a lo largo de sus 34 minutos de duración. En ese sentido, los instrumentos no compiten por espacio. Más bien, dialogan con la emotividad de quien sabe que cada arreglo podría ser el último baile. Además, aprovechan cada segundo sin dar nada por sentado.
La arquitectura «Así se hace»: un disco en dos actos
Así se hace exige ser abordado en su orden original, pues el viaje conceptual rechaza de plano la fragmentación aleatoria. Durante sus primeros cinco cortes, el quinteto despliega una familiaridad reconfortante para el seguidor más fiel. Piezas como «Nada en este mundo», «Llévame a mi casa», «En mi prime» y «De nuevo» recuperan esa urgencia de bajo movedizo, guitarras filosas y melodías directas. Todo esto evoca las postales formativas de Justo y Necesario o El paisaje salvaje.
El punto de quiebre de esa primera mitad llega con «La banda que me gusta», un vertiginoso rockabilly-punk cargado de sarcasmo y osadía. Que apunta con precisión contra la polarización y las dinámicas corrosivas de redes sociales. Hasta allí, la identidad histórica de Fother Muckers se siente intacta y celebratoria.
Sin embargo, a partir del track 6 la brújula muta de manera radical. Con «Más viejo es el viento», el álbum toca su cumbre compositiva. La pista amalgama las cadencias de raíz que Briceño exploró en Grupo Crisis con el corazón country que Muñoz heredó de su devoción por Neil Young. Todo esto es refrescado por la precisa incorporación de Gonzalo Núñez en las seis cuerdas.
Cuando Briceño confiesa a pecho descubierto que «siento que aún me queda, dentro de mí, un baile más, un grito más», la canción se suspende en el aire. En ese instante, entra un solo de guitarra crepuscular (interpretado por Núñez) que recuerda al dramatismo acústico y solitario que Woody Jackson imprimió en «American Venom». Además, este solo captura con elegancia la angustia de quedarse sin tiempo.
Del abismo metálico a la redención
En este segundo bloque, Fother Muckers ensancha sus márgenes estilísticos sin perder el pulso. «Prehistoria» abre una ventana al Briceño más oscuro y fascinado por el peso del metal pesado. Presenta acordes densos, casi fúnebres, y una entonación cavernosa. Esto conecta directamente con la pulsión de su proyecto paralelo Navaja. En contraste, «Si lo quieres de verdad» desata una sobreproducción deliciosa, acumulando capas instrumentales con un swing bailable y contagioso.
El epílogo no pudo encontrar mejor anclaje que «En el infierno». Con un arranque reposado en clave de blues añejo, la pista traza un puente inevitable con el impacto que significó «2022» en 2008. Pero si aquel clásico representaba el retrato inocente y luminoso de la juventud, este cierre asume las cicatrices del recorrido:
«En el infierno no reina la maldad, sino la estupidez… lo sé y nadie me lo tiene que contar, mi juventud se regaló en ese lugar». Lejos de caer en la autocompasión, la pista ofrece una mirada sobria sobre el error. Además, reflexiona sobre el equilibrio de las cargas y el valor de enmendar rumbos con los pies sobre la tierra.
«Así se hace» no pretende ser un monumento nostálgico. Es el testimonio de una banda que regresó a la trinchera para recordarnos que envejecer en el rock and roll no es perder el fuego. Más bien, significa aprender a quemar con mayor intensidad y verdad.
Sigue a FUTURO.cl en Google Discover
Recibe nuestros contenidos directamente en tu feed.
Seguir en Google