Si en su momento el fenómeno de «Creep» estuvo a punto de dinamitar a la banda por la asfixia promocional que les impuso la industria, ahora Thom Yorke apuntó sus dardos contra otra de las piezas más coreadas y radiales de su catálogo: «High And Dry».
Publicada en 1995 como parte de su aclamado segundo largaduración, The Bends, la composición trepó hasta el puesto número 17 del ranking de sencillos en el Reino Unido, consolidándose con el paso de los años como una de las baladas fundamentales del rock alternativo de la década.
La charla con Harry Styles y el rechazo a la fórmula acústica
La confesión tuvo lugar durante una conversación distendida entre Thom Yorke y Harry Styles para la revista Rolling Stone. En el diálogo, el exintegrante de One Direction recordó una entrevista anterior. En esa entrevista el líder de Radiohead mencionaba que prefería concebir su propia voz como un engranaje instrumental más dentro de la producción. Además, prefería eso en lugar de actuar como el típico compositor sentado al piano o con seis cuerdas.
Al ser consultado sobre en qué momento operó esa mutación y cómo dialoga con piezas de estructura convencional como «High And Dry», Yorke fue tajante al recordar la gesticulación que le produce la balada:
«Sí, un tipo con una guitarra acústica cantando su canción. Esa en particular desearía no haberla escrito [hace una mueca], aunque no tiene nada de malo en sí misma».
Acto seguido, el músico profundizó en el divorcio sonoro que mantiene con el formato de trovador tradicional:
«Casi no escucho a cantautores. Escucho mucho folk antiguo y experimental, música para cine o electrónica. Eso de estar aporreando la guitarra a veces me transmite cosas, pero no muy seguido. No sé con exactitud a qué se debe; probablemente a que crecimos en una época donde hubo un renacimiento gigantesco de eso, y ‘The Bends’ fue parte de esa ola».
El temprano fastidio con ‘OK Computer’
Las declaraciones de Yorke no se limitaron al material de 1995. En la misma entrevista, el vocalista desclasificó que la incomodidad con su propia obra solía manifestarse incluso antes de que los discos vieran la luz en las disquerías.
Sin tapujos, el líder de The Smile reveló que ya estaba completamente harto de OK Computer —la obra maestra que en 1997 redefinió el rock de fin de milenio— en el mismísimo instante en que fue publicado al público, admitiendo que sentía una desesperación total por «pasar la página» y dejar atrás ese repertorio justo cuando la agrupación se alistaba para emprender la gira mundial.
Una muestra más de la naturaleza inquieta de un artista que jamás ha sabido acomodarse en los laureles de sus mayores victorias comerciales.
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