Durante casi cuatro décadas, el abogado y arqueólogo Carlos Aldunate estuvo al frente del Museo Chileno de Arte Precolombino. Este recinto fue fundado en 1981 a partir de la colección del arquitecto y filántropo Sergio Larraín García-Moreno.
En conversación con Palabras Sacan Palabras de Radio Futuro, el especialista relató el origen de su nombramiento. Su nombramiento ocurrió tras una caminata por los bosques relictos de Zapallar.
«Don Sergio me dijo una vez: ‘Tú no necesitas tener ni familia ni hijos, porque tú te casaste con el museo y aquí te tienes que dedicar nada más que a esto'», confesó el abogado.
Educación tradicional y la prueba del ADN
Aldunate fue crítico al analizar la invisibilización histórica de los pueblos originarios en el sistema educativo chileno. Este sistema priorizó la enseñanza de culturas europeas o del Cercano Oriente por sobre las etnias locales.
El arqueólogo sostuvo que la sociedad chilena suele negar su matriz mestiza a pesar de la evidencia científica. Además, recordó un estudio de la Universidad de Chile realizado en el Paseo Ahumada donde más del 50% de las muestras registraron sangre indoamericana. A esto sumó los resultados de su propio examen genético.
«En el colegio a mí me enseñaron los fenicios y los egipcios, pero nunca me enseñaron las culturas mapuches o aymaras. El indígena en Chile no es un problema; todos los chilenos tenemos sangre indígena. Yo me hice el examen de ADN y tengo más de un 20% de sangre originaria americana».
«La pacificación fue una conquista e invasión de tierras»
Al abordar el desarrollo histórico del Estado bajo el orden portaliano, Aldunate señaló que se impusieron símbolos homogéneos como la cueca, la bandera y el rodeo. Esto buscó conformar la nacionalidad, sepultando la convivencia colonial previa.
Cuestionó severamente la narrativa oficial sobre la incorporación de la Araucanía en el siglo XIX. Calificó el proceso como un despojo sistemático facilitado por la fabricación de aguardiente en las haciendas.
«La pacificación de la Araucanía no fue una pacificación, fue una conquista y una invasión de tierras. Curaban a los indígenas con aguardiente y los llevaban a firmar ante notario sin saber leer ni escribir».
La mirada de la élite económica
En el tramo final de la conversación, el académico abordó la percepción que mantiene el empresariado sobre las demandas territoriales y culturales de los pueblos originarios.
Explicó que la élite económica suele interpretar las reclamaciones de espacios sagrados y cursos de agua como un obstáculo. Por lo tanto, las considera una barrera para el desarrollo de proyectos de inversión.
«Para la élite económica los indígenas son un estorbo, porque les dificulta las inversiones cuando vienen a reclamar sus espacios sagrados y sus ríos».
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