El aluvión registrado en la quebrada Honda, en el sector capitalino de San Carlos de Apoquindo, encendió las alarmas sobre la vulnerabilidad del frente cordillerano en la Región Metropolitana. El evento causó severos daños en viviendas, centros de salud y establecimientos educacionales tras desplazarse por avenidas principales como camino El Alba y General Blanche.
El doctor en geografía física y académico de la Universidad de Chile, Ignacio Ibarra, explicó en Palabra Que Es Noticia la dinámica física que desató la emergencia. Según el especialista, la catástrofe no responde únicamente a la lluvia del momento, sino a la interacción de múltiples factores. En sus palabras, «para poder entender el desastre que nosotros observamos, se explica por la configuración de dos factores principales: factores desencadenantes, que serían las precipitaciones, y un conjunto de factores condicionantes o preparatorios del relieve».
Precipitaciones concentradas y suelo saturado
En primer lugar, la acumulación de agua previa jugó un rol determinante en la desestabilización del terreno. De acuerdo con los datos de la Dirección Meteorológica de Chile en la estación Tobalaba, se registraron 37,8 milímetros de agua acumulada antes del episodio crítico.
Posteriormente, un aguacero de alta intensidad cayó en un breve lapso sobre la zona precordillerana. Al respecto, Ibarra detalló que «el primer factor son las lluvias concentradas. En un intervalo de tiempo muy corto, de aproximadamente 30 minutos, hubo una precipitación muy fuerte de aproximadamente 8 mm».
Además, las precipitaciones ocurridas durante los meses anteriores prepararon de manera negativa la superficie. El experto afirmó que «tienes una condición de lluvia acumulada, además de un aguacero fuerte que finalmente terminó por desestabilizar las laderas de la quebrada. Tienes que sumarle los meses previos que han sido muy lluviosos, con cambio en los niveles de la isoterma cero. Todo eso ha generado un incremento en la condición de poros de las laderas que reduce la fricción». Como consecuencia, este proceso acumulativo terminó por debilitar las pendientes del sector.
Geometría de la cuenca e incendios forestales
Por otra parte, la forma física de la quebrada Honda incrementó sustancialmente la velocidad y fuerza del flujo. La topografía de la zona presenta una pendiente sumamente inclinada en un trayecto muy acotado.
Respecto a esta configuración geográfica, el especialista puntualizó que «el punto de salida de la cuenca está a una altura un poquito más abajo de los 900 metros y la zona superior, las cimas más altas, están en la cota 2000. Tienes un desnivel de aproximadamente 1000 metros y el recorrido que tiene la cuenca es corto, de 4,8 km aproximadamente».
En consecuencia, este desnivel genera una enorme cantidad de energía cinética. Sobre este punto, Ibarra remarcó que «esto genera una condición del relieve que favorece la energía potencial, es decir, la energía disponible para que haya un proceso físico, y por tanto tiene mucha energía cinética, la energía del movimiento que explica la velocidad que tuvo el proceso y lo súbdito que fue».
Asimismo, los incendios forestales ocurridos a inicios de año dejaron parches de terreno totalmente expuestos. En ese sentido, el geógrafo sostuvo que «si tienes el terreno descubierto con bloques de suelo rocoso, ya no tienes cobertura vegetal para que cuando caiga la precipitación el suelo no se sature rápidamente. Además, el impacto de cada gota de agua tiene más posibilidad de arrancar pedazos de suelo a escala milimétrica y centimétrica, incrementando el proceso».
Urgencia en planificación territorial y mallas dinámicas
Por otro lado, la expansión urbana sobre el frente andino vuelve a situarse en el centro del debate técnico y político. El especialista cuestionó la falta de regulación en las construcciones ubicadas en zonas de riesgo aluvional.
Al referirse a la ocupación habitacional en la precordillera, Ibarra enfatizó que «efectivamente hay muchas viviendas sobre la cota 1000. Ha sido un tema de planificación territorial histórico y falta bastante regulación porque estás exponiendo viviendas en las zonas de alcance y propagación de estos procesos». En la misma línea, agregó que «seguimos construyendo próximos a las zonas de alcance de las quebradas. Tendremos que gestionar el riesgo antes de que se materialice un desastre».
Para reducir el impacto de estos eventos, el geógrafo subrayó la importancia de construir obras de contención como las mallas dinámicas y piscinas de desaceleración. Sobre estas estructuras, explicó que «las mallas dinámicas son estructuras que van cruzando el cauce principal en los puntos de salida de las quebradas. Pueden frenar o disminuir la cantidad de detritos y material que va encauzándose aguas abajo».
Un escenario de clima cambiante y efectos en cascada
Finalmente, el avance del cambio climático obliga a replantear la frecuencia e intensidad con la que ocurrirán estos fenómenos en Chile. Los patrones meteorológicos tradicionales están sufriendo alteraciones aceleradas.
En relación con las proyecciones climáticas, Ibarra advirtió que «estamos en un contexto de un clima altamente cambiante y, bajo estos nuevos patrones del clima, es esperable estar expuestos a un incremento en la magnitud y frecuencia de estos procesos». Por esta razón, el académico recalcó que «es muy probable que veamos otros escenarios similares en dos o tres años más. Esto es un geosistema físico, social y ambiental. Vamos a empezar a ver efectos en cascada con mayor magnitud y frecuencia».
Por último, el especialista hizo un llamado urgente a instalar redes avanzadas de monitoreo territorial. Según concluyó Ibarra en Palabra Que Es Noticia, «hay que propender a la instalación y monitoreo de estos procesos con sensores de percepción remota e instrumentación in situ en las laderas», con el objetivo primordial de resguardar a la población.
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