COLUMNA DE OPINIÓN

“El vivir en la ciudad genera más estrés y más enfermedades en salud mental”

El neurocientífico Francisco Parada analiza el impacto de las ciudades en el bienestar mental y plantea cambios desde lo cotidiano.

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El informe del Termómetro de la Salud reveló un incremento en los indicadores de deterioro psicológico en Chile, alcanzando un 18,5% de presencia o sospecha de problemas de salud mental en la población. Sin embargo, los especialistas enfatizan la importancia de analizar estas cifras con mesura y comprender el contexto socioambiental en el que se recogen los datos.

El neurocientífico y director del Centro de Estudios de Neurociencia Humana y Neuropsicología de la Universidad Diego Portales (UDP), Francisco Parada, ofreció una mirada reflexiva sobre estos resultados y su estrecha vinculación con el estilo de vida contemporáneo en su columna de Palabra Que Es Noticia.

El impacto del entorno urbano en el bienestar psicológico

El entorno en el que habitamos juega un papel determinante en la salud mental. Según explicó el especialista, la vida en las grandes urbes conlleva dinámicas complejas que impactan directamente el sistema nervioso y emocional.

«Históricamente, desde los años 30 hay superbuenos datos de que el vivir en la ciudad genera más estrés y más enfermedades», afirmó Parada. En este sentido, remarcó que los avances urbanos vienen acompañados de costos invisibles para la población. «Los beneficios de venir a vivir a la ciudad, acceso a mejor salud, educación, montones de cosas, también van acompañados con un aumento en problemas de salud mental», agregó.

Por este motivo, el académico vinculó este escenario con la salud mental urbana, una disciplina de vanguardia a nivel internacional. «La gran mayoría de la gente en el mundo vive en ciudades y hoy en día pasamos dentro de edificios prácticamente toda nuestra vida», sostuvo. Asimismo, concluyó que «la ciudad es un factor de estrés, no necesariamente un factor protector».

Soledad y barreras de acceso a la atención médica

Además del estrés ambiental, la investigación evidenció serias dificultades en el acceso a la atención médica. Cerca del 70% de las personas que manifestaron tener problemas psicológicos no lograron consultar a un profesional debido a la falta de tiempo, los altos costos o la distancia geográfica.

Por otra parte, la desconexión social se ha transformado en un factor crítico dentro de las comunidades modernas. «Los datos indican que no solamente estamos más tristes, sino que también estamos más solos», advirtió el investigador. «Aumentó brutalmente la sensación de soledad y la sensación de que no tengo apoyo social», profundizó respecto al aislamiento cotidiano.

No obstante, esta realidad ofrece una oportunidad para rediseñar los espacios públicos comunitarios. Para el experto, «la ciudad es un lugar muy bueno para intervenir a nivel de política pública». Por ejemplo, en diversas urbes europeas se han modificado plazas y calles para promover la interacción social sin la obligación de consumir.

De la política pública a los hábitos cotidianos

Frente a este panorama, Parada desestimó las posturas catastrofistas y promovió la acción activa tanto de las autoridades como de la ciudadanía.

«Si asumimos inmediatamente que esto es un caso terminal, nos quita la agencia y la posibilidad de acción», enfatizó el neurocientífico. Del mismo modo, aclaró que la solución requiere un compromiso colectivo articulado en diversos niveles. «Es una responsabilidad compartida desde lo individual hasta la política pública», aseveró.

Por consiguiente, pequeñas modificaciones en el comercio o en la dinámica familiar pueden generar cambios significativos. El académico citó iniciativas de Berlín donde restaurantes ofrecen un 10% de descuento a quienes guardan sus teléfonos durante la comida, fomentando encuentros y conversaciones reales.

Múltiples factores y la ilusión de la ‘bala de plata’

El debate sobre el bienestar psicológico exige evitar simplificaciones o diagnósticos homogéneos. El especialista explicó que las afecciones mentales se manifiestan de formas heterogéneas y no responden a una causa única.

«No hay una sola depresión; hay tantas depresiones como personas. Hay mecanismos de la depresión que son netamente inflamatorios», precisó el docente. Por esta razón, factores como la salud física, los procesos inflamatorios y el estilo de vida inciden de manera directa en el equilibrio biológico.

Reducir las pantallas y recuperar el descanso

Finalmente, el especialista subrayó el rol de las decisiones personales en la regulación del estrés diario. El uso excesivo de tecnología altera ciclos biológicos fundamentales como el sueño.

«A nivel familiar e individual, uno también tiene responsabilidad. Tratar de cuidar los espacios sin pantallas, generar espacios donde vas a poder comer y proteger los espacios de dormir», instó Parada. En esta línea, advirtió que «el deterioro en las horas de sueño es pésimo, y eso sin duda debe ser por el uso de pantallas antes de dormir».

En consecuencia, adoptar hábitos saludables no requiere grandes presupuestos. «Dejar el teléfono de lado es una cosa sencillísima y que tiene muchos beneficios. Es gratis. Ir a dormir tempranito, lo mismo», concluyó el neurocientífico en Palabra Que Es Noticia.


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