A tres décadas del nacimiento de un fenómeno cultural sin precedentes en la radiofonía chilena, Roberto Artiagoitia, conocido popularmente como «El Rumpy», repasó la historia tras El Chacotero Sentimental.
En conversación con Rainiero Guerrero en el RockShop de Futuro, a propósito de la publicación de su libro conmemorativo, el comunicador desglosó el origen de su espacio y reflexionó sobre la irreverencia con la que encaró el éxito mediático.
Un despido fortuito que cambió la historia de la radio
Durante mediados de los noventa, la televisión abierta vivía un momento de expansión económica y creativa. Sin embargo, el paso del locutor por las pantallas de Canal 2 llegó a un fin drástico que redefinió su carrera.
En ese sentido, el comunicador recordó que su salida del canal fue el verdadero catalizador para enfocarse por completo en el Dial FM. «No me gusta la televisión, me gusta la radio», aseveró de forma categórica sobre su vocación. Por lo tanto, aquel quiebre laboral le permitió dar el salto definitivo hacia su proyecto más icónico.
Además, reveló el detalle exacto de su despido antes de debutar al aire el 2 de junio de 1996. «Fue un gran acierto con un poco de tragedia por todo lo de Canal 2, para terminar un mes después, el 2 de junio de ese año, porque a mí me echaron por no ir a trabajar el primero de mayo», rememoró.
Asimismo, confesó que al asumir el micrófono no tenía las pretensiones ni el molde propio del periodismo tradicional. «Yo soy un comunicador audiovisual que pretendía hacer películas o trabajar con una cámara. El micrófono no me parecía nada más que para acercar la voz, no tenía una responsabilidad. Era un vértigo muy grande», explicó.
«Mi cuna es el punk rock»: La actitud ante los detractores
Por otro lado, la irrupción de El Chacotero Sentimental ocurrió en un contexto social convulso. En aquel Chile de 1996, la censura y los tabúes sobre el divorcio, la sexualidad y los preservativos dominaban el debate público.
No obstante, las críticas y las protestas conservadoras fuera de la estación radial nunca alteraron su convicción. «Mi cuna es el punk rock. Me importa bien poco lo que diga la gente», afirmó de entrada sobre su postura frente al juicio ajeno. En esa misma línea, sumó una analogía directa sobre la creación artística sin barreras: «Métete a un garage con una guitarra y un par de amigos y tenís una banda de rock. Es así».
Por consiguiente, el locutor restó valor al ruido generado por sus detractores durante la era dorada del programa. «A mí no me importaban cuando las personas me estaban esperando afuera de la radio con carteles para mandarme al infierno. Es ruido, amigo», enfatizó.
En consecuencia, defendió la incomodidad que causaba su estilo desenfadado en los sectores más tradicionales. «Pretender remover y que no haya un ‘putifrunzi’ al que le duela es parte de esto», remató.
El fenómeno social de desnudarse al aire
El impacto del programa no radicó únicamente en su tono, sino en la apertura de los propios auditores para confesar intimidades en vivo. De esta manera, el espacio radial transformó la confidencialidad en un ejercicio colectivo.
Al respecto, el realizador analizó la persistencia de esta dinámica a lo largo del tiempo. «Es muy improbable que durante 30 años, todos los días de 2 a 4 de la tarde, haya más de una persona que quiera amplificar sus problemas por una radio. Hay un componente mágico aquí», destacó.
En consecuencia, definió la responsabilidad que asume en cada emisión frente al público. «Cada una de esas personas sintió que algo podía ver a esa hora, ese día, en ese teléfono. Y yo al otro lado tengo que hacer que encuentren eso», sostuvo.
De igual modo, reflexionó sobre el propósito de su trayectoria y su coherencia personal. «Yo quería cambiar el mundo. Mi mundo sí lo cambié», aseguró. Además, reafirmó sus principios ideológicos: «Yo vengo de la consecuencia de Allende. No me ando cambiando de partido ni de apellido. Trazo mi senda y voy por ahí».
El paraguas libertario de la era Rock & Pop
Por otra parte, la longevidad del programa responde al ecosistema radial que permitió su gestación. Según el autor, el formato requería un soporte directivo dispuesto a arriesgar.
«El Chacotero es un capítulo importante de los 90. No hubiera existido si sale en Radio Juanito», argumentó sobre el respaldo institucional de la época. Asimismo, elogió la visión de los ejecutivos que respaldaron la propuesta. «Marcelo Zúñiga es el más punk de los punk. Inventó Radio Rock & Pop», subrayó.
Finalmente, resaltó el valor conceptual del medio por encima de la pura rentabilidad. «La visión es hacer un medio. Es mucho más interesante que un programa que venda», concluyó el Rumpy en RockShop.
