El proceso de creación del documental Cocaína Negra tomó seis años de exhaustiva investigación periodística. Sin embargo, justo cuando el equipo de producción se disponía a iniciar el rodaje, un valioso material sonoro cambió por completo la perspectiva del proyecto.
Durante las indagaciones judiciales aparecieron microcasetes grabados por el propio químico de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Eugenio Berríos. Este descubrimiento obligó a replantear el enfoque narrativo de la obra.
En este sentido, el director Cristóbal Valenzuela recordó en Palabras Sacan Palabras el momento exacto del hallazgo de este registro histórico. «Fueron muchos años de investigación y en un punto estábamos prontos a grabar el documental y de repente aparecen estas cintas de estas grabadoras de mano antiguas que nos dimos cuenta que las grabó el mismo Berríos», afirmó el cineasta.
Además, escuchar estas grabaciones modificó de inmediato la percepción que se tenía sobre el personaje histórico. «Para mí era como oro. Yo me había construido una imagen de Berríos como de este monstruo malvado casi cinematográfico y de repente escucho las cintas y son la cosa más banal, burda que puedes escuchar: peleas con la esposa, él en el laboratorio que le sale todo mal, consumo de droga, fiesta, muy sociable», detalló Valenzuela.
De las cajas del Poder Judicial a las pantallas de cine
Las grabaciones habían permanecido ocultas durante más de tres décadas dentro del archivo de los procesos judiciales. Por esta razón, su recuperación constituyó un hito para la reconstrucción periodística del caso.
De acuerdo con el realizador, el origen físico de los casetes estuvo en el círculo familiar del químico. «Las cintas figuran en el expediente judicial. Las encontró la viuda, Gladys Schmeisser, en el clóset de la casa de los papás de Berríos. Ella las entregó a detectives, los detectives las pasaron al Poder Judicial y ahí quedaron guardadas por 35 años hasta que llegaron a nosotros».
Por consiguiente, la presencia de estos audios provocó una reestructuración absoluta del guion cinematográfico. El equipo decidió incorporar actores para personificar a los involucrados mediante la técnica de doblaje de labios sobre el audio real.
Al respecto, el director explicó cómo abordaron esta propuesta estética: «Decidimos parar la producción que estaba pronta a hacerse y rehacer el guion en función de estas cintas. Toda la película es una reconstrucción del personaje a partir de testimonios y múltiples archivos, y cuando aparecieron estas cintas dijimos ‘aquí hay una cosa única’. Ahí nos pusimos con la idea de reconstruir a Berríos con actores que hacen lipsync».
El mito del genio académico y la realidad del gas sarín
Por otro lado, la investigación de Cocaína Negra desmitifica la supuesta brillantez científica de Berríos en las aulas universitarias. La evidencia documental demostró un desempeño académico deficiente durante sus años de formación.
Sobre este aspecto, Valenzuela repasó los inicios del agente: «Berríos para la historia de Chile es el químico de Pinochet. En verdad era un estudiante de bioquímica al que le fue mal. Ese es otro mito que hay, que era un genio de la maldad, pero era superporro. Pasaba raspando con puros cuatro. Se fue de la UDeC por malas notas y la terminó en la Universidad de Chile».
Posteriormente, tras el golpe de Estado, el sujeto se integró a los laboratorios clandestinos instalados en la residencia de Lo Curro junto a Michael Townley y Mariana Callejas. En aquel recinto familiar fabricó sustancias químicas bajo el denominado Proyecto Andrea.
No obstante, la síntesis del compuesto letal no requería de destrezas extraordinarias. «Él no lo inventó, lo replicó. El sarín nace en los años 30 en Alemania y está la fórmula ahí. Hablé con unos compañeros de la Universidad de Chile y me dicen que en verdad no implica una gran habilidad hacerlo, sino que lo que te limita a hacerlo es tu ética como químico», sostuvo el realizador.
De igual forma, el uso final del químico distante estuvo de la defensa bélica del país. «La idea vino desde la DINA, desde Mamo Contreras, para pensar en primera instancia en una guerra con Perú o Argentina. Como no hubo guerra, decidieron aplicarlo internamente. Al final lo ocuparon para matarse entre ellos», aseveró el cineasta.
La «Operación Silencio» y el secreto que amenazaba a Pinochet
Con la llegada de la democracia en los años noventa, el cerco sobre el químico se estrechó rápidamente. De este modo, los organismos de inteligencia coordinaron su salida encubierta del país.
«A principios de los 90 surgió una operación que se llamó la Operación Silencio o control de bajas del Ejército en democracia para sacar gente vinculada a temas de derechos humanos fuera de Chile. A Berríos lo pusieron en Uruguay», afirmó Valenzuela.
Finalmente, el temor de la cúpula militar a sus delaciones desencadenó su trágico desenlace en Montevideo. Su condición de civil y su incapacidad para guardar secretos precipitaron el crimen.
En este sentido, el realizador concluyó sobre la trascendencia del testimonio que Berríos pudo haber entregado: «A diferencia de muchos militares, él no era militar, era civil e incapaz de guardarse la verdad. Sabía mucho y no podían controlarlo. Cuando se cerró el caso Berríos, generales decían que la orden vino de Pinochet. Pudo haber caído Pinochet por el caso Berríos, pero lo mataron antes».
El documental Cocaína Negra llegará a las salas de cine del país el próximo 5 de noviembre. «Se estrena el 5 de noviembre en salas comerciales e independientes en todo Chile. En Instagram estamos como @cocainanegrafilm y nos distribuye Market Chile», puntualizó Valenzuela en Palabras Sacan Palabras.
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