El 12 de septiembre de 1995 vio la luz ‘One Hot Minute’, el sexto álbum de estudio de Red Hot Chili Peppers. Tras conquistar el mundo y alcanzar ventas multiplatino con Blood Sugar Sex Magik (1991), el cuarteto californiano parecía listo para una etapa de consolidación. Sin embargo, la exposición masiva trajo una resaca implacable. Dicha resaca demoró casi cuatro años en resolverse. Como resultado, desembocó en el capítulo sonoro más denso, pesado y divisivo de su discografía.
La renuncia en pleno tour japonés de un joven John Frusciante —abrumado por la velocidad del éxito repentino— dejó una vacante compleja. Esta vacante fue cubierta por el exguitarrista de Jane’s Addiction, Dave Navarro. Asimismo, su llegada inyectó una dosis de psicodelia oscura y riffs metálicos. Esto cambió radicalmente la dinámica habitual de la banda.
Obstáculos en el estudio y la fricción creativa
El proceso de grabación estuvo marcado por tropiezos personales. Tras años de sobriedad, una prescripción médica de analgésicos tras una visita al dentista detonó una severa recaída en Anthony Kiedis. El retraso fue tal que la base instrumental quedó registrada en 1994. Sin embargo, las líneas vocales debieron esperar un año completo debido a las prolongadas ausencias del cantante.
En su autobiografía Scar Tissue, Kiedis admitió además la falta de sincronía compositiva con el nuevo guitarrista. Acostumbrado a la facilidad casi telepática con la que fluían las maquetas junto a Hillel Slovak o el propio Frusciante, la metodología de Navarro resultó un muro difícil de franquear. Esta crisis obligó al bajista Flea a asumir un rol protagónico inédito. Además, Flea aportó letras directas y debutó como voz principal en el corte acústico «Pea».
Éxito radial frente a una era accidentada
Aunque la recepción crítica fue mixta y las cifras comerciales no igualaron a su predecesor, la radio abrazó singles de alta rotación como «Warped», la melancólica «My Friends» y la bailable «Aeroplane». No obstante, la mala racha no dio tregua sobre los escenarios. La gira promocional se vio interrumpida cuando el baterista Chad Smith sufrió una fractura en la muñeca. A esto se sumó un grave accidente en motocicleta de Kiedis que canceló más presentaciones. Además, hubo un caótico show en el Fuji Rock Festival de 1997 que terminó clausurado por un tifón.
La ruptura final y el puente hacia Californication
El desgaste y las adicciones terminaron por dinamitar la permanencia de Navarro, quien fue despedido durante los primeros intentos por registrar un siguiente álbum. Su salida en 1998 allanó el camino para el retorno triunfal de John Frusciante, encendiendo la chispa que daría vida a Californication.
Con el paso de las décadas, los propios integrantes decidieron archivar prácticamente la totalidad del repertorio de ‘One Hot Minute’ en sus conciertos, no por desprecio musical, sino por la pesada carga emocional que representó aquel período. Hoy, a más de tres décadas de su estreno, la placa se alza como un fascinante documento de supervivencia. Es el testimonio crudo de una banda que debió adentrarse en sus propias sombras antes de reinventarse definitivamente como leyendas del rock.
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