El 6 de septiembre de 1970, la leyenda de la guitarra Jimi Hendrix subió al escenario para dar lo que sería el último concierto de su vida. El evento tuvo lugar en el Love + Peace Festival, celebrado en la idílica isla báltica de Fehmarn, en Alemania. Aunque el festival fue planeado como la respuesta europea al mítico Woodstock, terminó convirtiéndose en un completo infierno dominado por el clima extremo, cancelaciones masivas de artistas y una violencia descontrolada.
Un festival al borde del colapso total
Desde el primer día, la organización del festival se desmoronó por completo. Bandas de renombre internacional como Emerson, Lake & Palmer, Joan Baez y John Mayall decidieron cancelar sus presentaciones. Sin embargo, el mayor problema de seguridad provino de un grupo de motociclistas alemanes, identificados como Hells Angels, quienes se apoderaron del control del evento.
De acuerdo con los testimonios de los presentes, los motociclistas saquearon la oficina de los promotores y comenzaron a repartir entradas gratis a todo el público. La situación escaló rápidamente hasta el punto de registrarse disparos de ametralladora en las inmediaciones. Al mismo tiempo, el clima tormentoso azotó el lugar con lluvias torrenciales y vientos huracanados que dañaron los equipos de sonido.
¿Por qué abuchearon a Jimi Hendrix al subir al escenario?
Originalmente, el concierto de la banda Jimi Hendrix Experience estaba programado para el sábado 5 de septiembre a las 8:00 p.m.. No obstante, ante un vendaval de fuerza cinco y una lluvia incesante, el mánager de gira, Gerry Stickells, tomó la firme decisión de cancelar la presentación nocturna para proteger la seguridad del grupo.
Esta decisión de reprogramar el concierto para el domingo al mediodía enfureció a una multitud agotada, empapada y frustrada. Por lo tanto, cuando Jimi Hendrix finalmente pisó el escenario el 6 de septiembre a la 1:00 p.m., fue recibido por un ensordecedor coro de abucheos, rechiflas y gritos de «Hau ab!» (expresión alemana para decir «¡vete!» o «¡lárgate!»).
Con total calma, Hendrix se acercó al micrófono y exclamó al público de manera irónica: «No me importa un carajo si abuchean, siempre y cuando abucheen en tono, bastardos…».
El concierto más peligroso de su carrera
A pesar de la hostilidad inicial, a Hendrix le bastó una sola canción para ganarse de nuevo a la audiencia. El trío abrió con una enérgica versión de «Killing Floor», y la multitud cambió inmediatamente los insultos por ovaciones.
Sin embargo, las tensiones de la gira eran insostenibles tras bambalinas. El bajista Billy Cox sufría una severa crisis de paranoia luego de que le inyectaran LSD en su bebida días atrás en Gotemburgo. Además, a mitad de la presentación, la tormenta regresó. El agua comenzó a inundar el escenario abierto, obligando a los asistentes a refugiarse bajo lonas. Jimi Hendrix continuó tocando al borde del escenario, arriesgándose a morir electrocutado bajo la gélida lluvia que golpeaba sus micrófonos mojados.
Un adiós profético bajo el fuego
El repertorio de 13 canciones cerró con una potente interpretación de «Voodoo Child (Slight Return)». De forma increíblemente profética, las últimas palabras que Jimi Hendrix pronunció ante un micrófono en vivo fueron: «Si no los veo más en este mundo, los veré en el próximo, y no lleguen tarde…».
Tan pronto cayó la última nota musical, los músicos corrieron a refugiarse en un helicóptero rumbo a Hamburgo. Fue una salida muy inteligente. Los enfurecidos Hells Angels procedieron a saquear por completo el escenario principal. Y, momentos después, un incendio masivo lo redujo a cenizas.
Menos de dos semanas después de aquel caótico concierto, el 18 de septiembre de 1970, Jimi Hendrix falleció en Londres a la edad de 27 años. Su trágico adiós en el festival de Fehmarn quedó grabado para siempre como el último y más peligroso testamento en vivo de un genio eterno de la guitarra.
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