La historia del rock está repleta de excesos. Sin embargo, pocos músicos encarnaron la destrucción como Keith Moon. El legendario baterista de The Who falleció hace 48 años, dejando un legado imponente. Actualmente, la mirada sobre estas figuras suele transformarse.
El crítico de música Marcelo Contreras confiesa un cambio radical al analizar su biografía. En primer lugar, Contreras recuerda en su columna de Palabras Sacan Palabras su propia perspectiva de juventud: «cuando era adolescente y leía las biografías de The Who, yo decía: ‘Qué locura estos tipos, realmente es maravilloso cómo se autodestruían, esa danza de la destrucción interna y todo el mundo viéndolo’.» En consecuencia, esa fascinación juvenil se ha convertido hoy en una profunda melancolía.
El peso insoportable de su propio personaje
Detrás de los destrozos en hoteles se escondía una realidad dramática. De hecho, Keith Moon se convirtió en una de las primeras víctimas de su fama.
Según explica Contreras, el baterista quedó atrapado por el rol que él mismo creó: «me parece que es súper tragicómico la vida de Keith Moon de manera muy literal, que es, yo creo, una de las primeras figuras del rock, sino la primera que realmente cayó preso de su propio personaje.»
Por lo tanto, la presión de actuar bajo ese guion destruyó su salud mental. Contreras añade: «A Keith Moon le pasaba que tenía que llegar a una parte y toda la gente ya esperaba que hiciera lo suyo (…) Era como, ‘Ya, qué locura va a ser Keith Moon’. Y la verdad que eso lo terminó destruyendo, terminó sumiéndolo en una depresión que fue alimentada tempranamente por una ingesta de alcohol y drogas superlativas».
El trágico accidente vial de 1970
Además de su propio deterioro, los excesos de Moon provocaron tragedias irreparables. El episodio más sombrío ocurrió en 1970, en un pub inglés. Para huir de lugareños agresivos, el músico condujo su Bentley sin saber manejar. Lamentablemente, su chofer y amigo personal fue atropellado en el escape.
Contreras relata con crudeza este terrible acontecimiento: «lo mató Keith Moon, literalmente lo mató (…) se desesperó también por la situación que lo iban a agredir y no se da cuenta que abajo está su chofer (…) lo tiene que haber arrollado, el tipo no se pudo zafar, lo arrastra y lo destroza.»
Por este motivo, el suceso dejó una herida psicológica imborrable en el baterista. Su última pareja relató los graves traumas nocturnos que sufría. Al respecto, Contreras detalla: «Moon nunca pudo recuperarse de esto, o sea, despertaba en el medio de la noche con la pesadilla de la muerte de este amigo».
Golpes y tensiones en The Who
Por otra parte, la convivencia dentro de The Who estaba marcada por la violencia física. A diferencia de otros grupos, sus disputas internas solían resolverse a golpes. Contreras destaca la agresividad del cuarteto británico: «era muy habitual que en The Who se resolvieran las situaciones a golpe, a puñetazos entre ellos».
Asimismo, un famoso altercado ocurrió por el descontrolado consumo de drogas del baterista. Contreras describe la violenta reacción del vocalista: «Roger Daltrey, totalmente chato del comportamiento de Keith Moon, le botó todos los speed al water. Keith Moon fue y le pegó, pero Roger Daltrey era bastante más fornido (…) y le dio uno de vuelta y también lo tumbó al suelo».
Una revolución técnica sin precedentes
A pesar de su caos personal, Keith Moon transformó para siempre la batería. Su estilo era inusual y desafiaba los cánones tradicionales. Para Contreras, el estilo de Moon resulta sumamente complejo de replicar: «cuando uno ve estos videos de bateristas que rinden tributo a otros bateristas, yo siempre los que veo más complicados es cuando tratan de tocar como Keith Moon, porque Keith Moon toca de una manera totalmente traspapelada.»
Entre sus principales excentricidades destaca el desprecio por el hi-hat y su preferencia por los platillos. Contreras especifica sobre su revolucionaria técnica: «él prácticamente no ocupaba el hi-hat. De hecho, si tú ves las actuaciones de la época brillante de The Who (…) él ocupaba puro platillo todo el rato. Era un caos de platillo y de orquestar todo a través de los tom de la batería. Un ruido permanente». Además, Moon ignoraba al bajista John Entwistle para guiarse por el ritmo de Pete Townshend: «A él no le interesaba lo más mínimo lo que hiciera el bajista John Entwistle (…) él se guiaba por Pete Townshend».
El triste final de una leyenda
Finalmente, el baterista encontró la muerte en 1978 en circunstancias melancólicas. Contrario a los mitos populares, su deceso no se debió a tranquilizantes para elefantes. Su muerte ocurrió precisamente mientras intentaba rehabilitarse. Contreras concluye con tristeza su columna de Palabras Sacan Palabras: «el caso de Keith Moon es triste también porque él muere mientras estaba tratando de hacer un tratamiento para poder dejar el alcohol.» De este modo, tras asistir a una fiesta de Paul McCartney, el músico se durmió y nunca más despertó.
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