La disputa entre el desarrollo urbano y la protección del patrimonio histórico ha alcanzado su punto más álgido en Chile. Recientemente, se filtró un informe del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu). Este documento reveló que el Estado gastó más de 13.160 millones de pesos en imprevistos arqueológicos en proyectos de vivienda social entre 2021 y 2026. A raíz de esto, diversos actores políticos culparon al Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) por paralizar obras debido a hallazgos insignificantes. No obstante, el arquitecto y columnista Dino Bozzi desmintió estas críticas y expuso la realidad técnica de las excavaciones.
El desmentido de un mito político
En las últimas semanas, figuras políticas han acusado al organismo patrimonial de frenar proyectos habitacionales por razones absurdas. Específicamente, se ha repetido que las obras se detienen al encontrar basura contemporánea, como tapas de botellas. Sin embargo, Bozzi fue enfático al desarmar esta caricatura y devolver la discusión al ámbito técnico.
Con absoluta seguridad, el reconocido académico afirmó: «En Chile nunca se ha detenido una obra de ningún tipo por la presencia de tapitas de bebida. Eso es un mito urbano». De esta manera, el arquitecto rebatió las declaraciones de autoridades que han replicado este argumento en los medios. Según el experto, no existen proyectos paralizados por basura moderna, sino faenas resguardadas por contener restos de valor histórico real que coexisten con estos elementos.
¿Para qué sirve la basura moderna en la arqueología?
A pesar de las críticas, los elementos contemporáneos cumplen un rol fundamental en el estudio de los suelos. Bozzi explicó que los objetos modernos no se rescatan por su propio valor, sino que actúan como indicadores técnicos. Su posición en los estratos de tierra revela si el terreno ha sido perturbado previamente.
Para aclarar esta situación, el profesional precisó: «A nadie que trabaje en arqueología le interesan las tapas de bebida. El asunto es que las tapas de bebida, los botones contemporáneos, las monedas del año 70 sirven para entender si es que un suelo es o no es un suelo arqueológico relevante». Por consiguiente, si un arqueólogo encuentra un objeto del siglo XX debajo de un vestigio antiguo, se demuestra que las capas de tierra están mezcladas. En consecuencia, el sitio arqueológico pierde su contexto original y, por ende, su utilidad científica.
La negligencia estatal en la planificación
Para Bozzi, centrar el debate en las «tapitas de bebida» busca desviar la atención de las verdaderas responsabilidades. El arquitecto recordó que, por ley, cualquier hallazgo arqueológico pasa a ser automáticamente un Monumento Nacional. Por lo tanto, el Consejo de Monumentos Nacionales no tiene la facultad de ignorar la legislación vigente y debe hacerla cumplir.
Por esta razón, el columnista sostuvo que las pérdidas millonarias y los retrasos de las obras no se deben a la mala suerte, sino a graves errores de planificación del Estado. El experto acusó que las autoridades insisten en edificar viviendas sobre zonas que ya se sabe que contienen valiosos restos.
Al respecto, Bozzi apuntó con dureza: «el problema no es el hallazgo fortuito, el problema es la reiterada tontera de la autoridad de insistir en construir en lugares donde se sabe que va a haber hallazgos arqueológicos». En su opinión, culpar al CMN es una forma cómoda de ocultar la falta de prolijidad en el diseño y localización de las políticas habitacionales.
El caso de Lota Green y los damnificados
El reflejo de esta negligencia es el conjunto habitacional Lota Green, emplazado en la antigua fábrica de ladrillos de Lota. Este proyecto buscaba dar solución habitacional a familias damnificadas por el terremoto y maremoto del año 2010. No obstante, las advertencias arqueológicas sobre el terreno eran amplias y conocidas con anterioridad.
El arquitecto recordó que se advirtió oportunamente al Gobierno sobre los riesgos de construir en dicho predio. «no haga leseras porque en ese lugar está lleno de arqueología. El Minvu insistió y construyeron ahí las viviendas», relató Bozzi, haciendo alusión a las alertas que levantaron. Como era de esperar, al iniciar las obras se encontraron importantes vestigios históricos, deteniendo el proyecto por meses.
Debido a esta obstinación, la construcción sufrió un encarecimiento del 24% y un retraso de 21 meses. Si bien el rescate arqueológico arrojó información histórica de incalculable valor, Bozzi cuestionó que el costo de esta recuperación fuera traspasado a familias vulnerables.
Para finalizar su columna en Palabras Sacan Palabras, el experto concluyó que «la información que se obtuvo ahí respecto de la historia industrial de Lota es única, es absolutamente única. Es realmente fantástico, pero probablemente no era algo que uno tuviera que cargarlo a 600 familias que habían perdido la vivienda con el terremoto». Según su perspectiva, el Estado debió proteger este terreno mediante un parque o centro de estudios, y construir las viviendas de los damnificados en una zona sin conflictos patrimoniales.
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