Sentirse insuficiente o temer que los demás descubran una supuesta falta de competencia es una vivencia frecuente en el entorno laboral y personal moderno. En este contexto, el síndrome del impostor ha pasado de ser catalogado como una falla individual a convertirse en un objeto de profundo análisis psicológico. Según explica el coach y psicólogo Sebastián Rodríguez en Palabras Sacan Palabras, este fenómeno no representa necesariamente una tara que deba eliminarse por completo. Por el contrario, las investigaciones recientes sugieren que cuestionar las propias habilidades puede interpretarse como un indicador positivo de desarrollo personal.
De hecho, Rodríguez afirma que «durante mucho tiempo se vio como una tara que había que superar, pero los últimos autores han estado apuntando que también es un síntoma de inteligencia, es decir, la gente que duda de sus capacidades y que es capaz de preguntarse si es tan buena como le han dicho, se hace cuestionamientos que pueden llevarlo a mejorar».
El ‘mindset’ científico versus el ‘mindset’ deportivo
Para comprender mejor el funcionamiento de este proceso, el especialista recurre a las reflexiones del psicólogo laboral Adam Grant sobre las distintas formas de pensamiento. Por un lado, la duda constante resulta altamente constructiva cuando se utiliza para evaluar procedimientos y adquirir nuevos conocimientos. Por otro lado, si la incertidumbre se vuelve permanente en todas las áreas, el malestar emocional aparece incluso en profesionales altamente capacitados.
En este sentido, Rodríguez enfatiza la necesidad de distinguir entre la fase de aprendizaje y la fase de ejecución. Según el columnista, «esto es parte de un mindset científico. Las personas que tienen un mindset científico se hacen preguntas y dudan, a diferencia del mindset deportivo, que es un mindset ganador donde el deportista entra a la cancha convencido de ser el mejor». Por esta razón, el sufrimiento psicológico se desencadena cuando ambas mentalidades se confunden o se aplican de manera invertida.
El castigo social a la duda y el impacto de género
Asimismo, la cultura corporativa actual tiende a dificultar la expresión abierta del cuestionamiento reflexivo. Por ende, las estructuras organizacionales suelen validar la autoconfianza ciega por sobre la revisión crítica. De acuerdo con el psicólogo, «el sistema te castiga por dudar todo el tiempo, lo cual es ridículo porque la duda es básica para el aprendizaje. En una cultura narcisista se premia al ganador y al que es seguro de sí mismo».
Además, este escenario impacta con mayor severidad a ciertos grupos dentro de las empresas. En particular, el profesional advierte que esta dinámica «es más común en mujeres, sobre todo en cargos importantes donde tienen más dudas y hacen más preguntas, lo que provoca que sean más criticadas o juzgadas. Por lo tanto, al ser más juzgadas, se callan y viven internamente con esta sensación de que son un fraude».
En contraste, Rodríguez contrapone esta realidad con la figura del «coach de sofá, esas personas que opinan desde la comodidad de su casa con total seguridad sobre lo que habría que hacer».
Cómo equilibrar la convicción y la autocrítica laboral
Consecuentemente, el desafío central radica en aprender a separar el momento de actuar del momento de evaluar los resultados. Por lo tanto, la ejecución directa exige convicción, mientras que el análisis posterior requiere apertura mental y humildad.
Sobre este punto, el psicólogo destaca que «uno debiera entrar a la cancha como campeón, con un mindset deportivo, y una vez que sale de la cancha, aplicar el mindset científico para analizar qué se hizo bien y qué se hizo mal». Igualmente, remarca que ingresar a realizar una tarea con incertidumbre afectará negativamente el desempeño.
Por consiguiente, Rodríguez sostiene que «si voy a entrar a la cancha dudando, me va a ir mal. Por eso hay que enseñar que uno no puede estar todo el tiempo dudando y que hay que reforzar las certezas sobre los logros pasados». De lo contrario, la incertidumbre se vuelve obsesiva y la preocupación termina multiplicándose como un virus mental.
¿Cuándo es momento de realizar una consulta profesional?
Finalmente, cuando la autocrítica se desborda y paraliza la vida cotidiana, resulta indispensable acudir a acompañamiento terapéutico. En estos casos, las personas afectadas suelen vivir bajo la dolorosa premisa de que todos creen en ellas, excepto ellas mismas. En consecuencia, pierden la noción de sus propios triunfos objetivos y temen constantemente al fracaso.
Rodríguez explica en Palabras Sacan Palabras que el límite para buscar ayuda se sobrepasa «cuando uno lo pasa muy mal y vive constantemente con la sospecha de que lo van a despedir, incluso cuando la evidencia demuestra lo contrario y solo recibe felicitaciones». Por esta razón, el trabajo clínico se enfoca en desmontar ideas irracionales, poner límites al cuestionamiento excesivo y lograr que la duda vuelva a ser una herramienta de crecimiento.
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