En conversación con Andrea Moletto y Álvaro Paci en Palabras Sacan Palabras, Julia Guzmán, escritora e hija del exministro de la Corte de Apelaciones Juan Guzmán Tapia, profundizó en los hitos que marcaron la vida de su padre. El juez, conocido históricamente por ser el primero en procesar a Augusto Pinochet, es el protagonista del libro «Juan Sin Miedo», una obra que reconstruye su memoria a través de 31 testimonios.
La historia comenzó en enero de 1998. En ese entonces, se presentaron las primeras querellas por homicidio y por la masacre de la Caravana de la Muerte. Guzmán Tapia fue designado para investigar estos casos, una labor que desempeñó bajo constantes amenazas y presiones políticas.
El fin de una carrera judicial
Para Julia Guzmán, el momento en que el caso irrumpió en sus vidas fue comparable a un terremoto. Aunque inicialmente el juez no dimensionaba el impacto total, pronto comprendió que su decisión tendría un costo profesional irreversible. Según relata su hija: «Esa reflexión de que ya no su carrera judicial se vería truncada, eso lo supo desde un comienzo también».
El compromiso del magistrado con la verdad era absoluto, incluso sabiendo que las puertas de la Corte Suprema se cerrarían para él. Julia recuerda que su padre lo verbalizaba con claridad en la intimidad del hogar: «Lo comentaba. O sea, que este era el fin de su carrera, de llegar a lo que él hubiese deseado, por supuesto… le impedía llegar a la Suprema, lo iba a marcar».
Las presiones de la Concertación
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue la revelación de las presiones que recibió el juez por parte del poder político de la época. Julia Guzmán enfatiza que su padre no contó con el respaldo de las instituciones del Estado.
Respecto al rol de los gobiernos de la transición, la escritora señala: «Recibió muchas presiones, muchas presiones de subsecretarios de la época, muchas presiones también a través de recados que daban en la prensa». Estas intervenciones buscaban influir en el curso de la justicia, sugiriendo que el dictador no debía ser juzgado.
Un episodio específico ilustra la magnitud de este asedio. Julia relata que: «Recibió llamadas telefónicas el mismo día en que procesó a Pinochet. La primera vez en el 2000, en diciembre del 2000, recibió una llamada para que revocara inmediatamente la decisión». Al ser consultada por el origen de dicho contacto, confirmó: «De un subsecretario. Y claro, mi papá se enojó mucho».
La decepción del juez Guzmán con el mundo político fue profunda. Su hija explica que: «La Concertación, por también quizás pactos políticos, no tenía absolutamente ningún interés con que Pinochet fuera juzgado». Esta situación lo dejó en una posición de vulnerabilidad institucional: «Se sintió absolutamente decepcionado… se sintió solo porque no lo acompañaban las instituciones, ni el poder ejecutivo, ni el poder judicial».
La «llave» jurídica contra la impunidad
A pesar del aislamiento, Juan Guzmán Tapia logró un avance jurídico fundamental. El uso de la teoría del secuestro permanente permitió sortear la Ley de Amnistía que protegía los crímenes cometidos entre 1973 y 1978.
Julia explica la relevancia de esta estrategia: «Es importantísima la llave que usó mi padre para acoger la primera querella. Digamos esta que es la teoría del secuestro permanente… permitió que por fin no tuviera que aplicarse esta ley de amnistía». Bajo esta lógica, al no encontrarse los restos de los prisioneros, el delito seguía cometiéndose en el presente, lo que facultaba al juez para actuar.
El careo con el dictador
La entrevista también abordó los encuentros cara a cara entre el juez y Pinochet. Julia describe dos momentos distintos. En el primero, el dictador mantuvo una actitud cordial, pero en el segundo, la tensión fue evidente.
Sobre la supuesta demencia de Pinochet, Julia es tajante al citar la famosa frase del imputado en 2005: «No me acuerdo, pero no es cierto. No es cierto. Y si fuera cierto, no me acuerdo». Para la familia Guzmán, esa respuesta fue una prueba de su lucidez: «Fíjate que ahí no hay ningún tipo de demencia porque eso es súper lógico, es casi un trabalengua. Entonces, yo creo que ahí dio cuenta de que podría haber sido perfectamente procesado».
El legado de Juan Guzmán Tapia, plasmado en el libro de editorial LOM, no solo reside en su valentía judicial, sino también en su búsqueda de reparación para las familias de las víctimas. Como concluye su hija, su mayor motor fue siempre «darle tranquilidad a los familiares de las víctimas».
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