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Crisis en Ceuta y Europa: “El progresismo se daña al no ofrecer una respuesta coherente a la demanda de migración ordenada”

Analizamos la crisis migratoria en Ceuta y el impacto político en la Unión Europea con el analista Guido Larson. Descubre por qué el progresismo enfrenta un desafío existencial.

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La actualidad internacional enfrenta una tensión creciente en las fronteras europeas. Recientemente, las primeras ministras de Italia y Dinamarca emitieron un comunicado conjunto rechazando la «inmigración descontrolada». Esta postura busca endurecer las políticas migratorias, reclamar un mayor número de expulsiones y, fundamentalmente, promover la creación de centros de deportación en terceros países. Este movimiento político surge tras la crisis en el enclave de Ceuta, donde la llegada masiva de migrantes desde Marruecos ha generado un roce diplomático entre España e Italia.

Para comprender la magnitud de este fenómeno, Guido Larson, analista internacional y académico de la Universidad del Desarrollo, explica en Palabra Que Es Noticia que el evento en Ceuta no tiene precedentes inmediatos por su escala. Según el experto, «existe interrogante respecto cómo puede ser de que de un momento a otro casi 60,000 personas de forma simultánea intenten cruzar la frontera». Este hecho ha sido interpretado por países como Dinamarca e Italia como «un cuestionamiento profundo a las agencias de inteligencia española que parecen haber pasado por alto el riesgo».

Desinformación y negligencia en la frontera

El análisis de Larson apunta a una combinación de factores que facilitaron el desborde en Ceuta. Por un lado, destaca la circulación de noticias falsas en plataformas digitales que incentivaron el cruce masivo. «Ya hay cierto grado de consenso de que en las horas previas a esta verdadera oleada circuló desinformación tendiente a modificar la percepción de los migrantes y que prometían la suposición de que los controles habían estado ya en una escala muy baja».

A esto se suma un factor geopolítico crítico: la actitud de las autoridades marroquíes. Larson señala que en este escenario se debe considerar «posiblemente como mínimo la negligencia del gobierno marroquí y como máximo la complicidad del propio Marruecos en dejar pasar esta oleada de personas por su lado de la frontera».

El dilema del progresismo europeo

Uno de los puntos más sensibles de la crisis es el impacto en la percepción de los gobiernos de corte progresista. El analista sostiene que el sector político ha sufrido un desgaste importante debido a su falta de claridad en la gestión de fronteras. «El progresismo se daña en parte porque no ha tomado una posición coherente respecto de la migración, ha sido ambivalente en términos de, por un lado, proteger los derechos que a nivel del marco legal internacional tienen los migrantes y tienen también los refugiados, pero por otro lado, desatender la demanda social en términos de generar una migración más ordenada».

Este desajuste entre la protección de derechos y la necesidad de orden público alimenta un imaginario colectivo de descontrol. Larson advierte que ver a Ceuta absorbiendo en un día casi la totalidad de su población genera una percepción de «hordas de migrantes literalmente invadiendo territorio europeo y con una autoridad más o menos incapaz de poder controlarla».

La crisis de la institucionalidad de Schengen

El libre tránsito en Europa, uno de los pilares de la integración, está hoy bajo la lupa. El Tratado de Schengen permite que, una vez que una persona ingresa al continente, pueda transitar sin controles internos estrictos. Para Larson, «hay un cuestionamiento a la institucionalidad de Schengen por un lado. A la perspectiva política que durante décadas ha tenido la Unión Europea con relación al migrante».

Esta vulnerabilidad percibida es el motor del crecimiento de fuerzas políticas conservadoras y nacionalistas. Existe una resistencia social creciente de ciudadanos que consideran que «ese proceso ha dañado la cultura europea, las reglas europeas y la misma comunidad europea».

Globalización, ansiedad y el retorno al pasado

El fenómeno migratorio actual debe entenderse también desde una perspectiva psicológica y sociológica. Larson argumenta que la rapidez de los cambios globales genera reacciones defensivas en las poblaciones locales. «Cambios bruscos, acelerados y rápidos suelen despertar toda una serie de reacciones afectivas de orden nociva, ansiedad, miedo, eventualmente temor en términos de que la migración provoca la intersección de comunidades que no necesariamente comparten principios idiomáticos, culturales, incluso religiosos».

Ante esta incertidumbre, figuras como Giorgia Meloni en Italia o Donald Trump en Estados Unidos ganan terreno al ofrecer una «especie de vuelta al pasado que resuelva el elemento que provocó la disrupción».

Centros de deportación: la nueva apuesta europea

Finalmente, la propuesta de crear centros en terceros países refleja un cambio de estrategia en Bruselas. El objetivo es externalizar el proceso migratorio para aliviar la carga burocrática y legal dentro de la Unión. Larson detalla que esto «pasa por el intento de profundización de relaciones políticas con los países que son fuentes», mencionando a naciones como Argelia, Marruecos y Egipto.

Sin embargo, las barreras legales internas, como las resoluciones de la Corte Suprema Española que limitan las deportaciones automáticas, siguen siendo un desafío. La discusión actual, según el académico, se encuentra en un «limbo todavía y la discusión es puramente política».


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