Chile enfrenta una crisis de habitabilidad sin precedentes, con un déficit que «asciende a 500,000 viviendas a nivel nacional» y más de «120,000 familias viviendo en campamentos». Esta situación se ha visto agravada por desastres naturales y sistemas frontales que han reabierto la discusión sobre el rol del Estado. En conversación con Andrea Moletto y Álvaro Paci en Palabras Sacan Palabras, Benito Baranda, psicólogo y director de la Fundación Invica, analizó la evolución de la pobreza y los errores en la implementación de las políticas sociales.
De la pobreza material a la multidimensional
Baranda destaca que, aunque Chile ha reducido drásticamente la pobreza económica desde la colonia, el desafío actual es más complejo. Desde 2010, se integró la medición de la pobreza multidimensional, la cual evalúa dimensiones como educación, salud, vivienda y cohesión social. Sin embargo, el experto señala que en esta área es donde más ha costado avanzar.
“En la pobreza multidimensional lo que tú tienes que ampliar son las oportunidades de las personas. No las transferencias materiales, mayor cantidad de bonos o de subsidios económicos directos”, explica Baranda. En este sentido, advierte una falta de consenso social para invertir en áreas críticas como la infancia. De hecho, Chile invierte casi dos puntos menos del PIB en esta área en comparación con países como Costa Rica.
El riesgo de la dependencia y la «perforación» del sistema
El director de Invica sostiene que el enfoque excesivo en transferencias monetarias ha generado un problema de dependencia. Baranda afirma que las personas en pobreza severa “dependen más que en el pasado de bonos que el Estado les transfiere que de su propio trabajo”. Esta situación se descontroló durante la pandemia, cuando el Registro Social de Hogares pasó de 5 millones a más de 9 millones de registros debido a que los hogares se dividieron artificialmente para recibir más beneficios.
Para Baranda, esta dinámica envía una señal equivocada a la ciudadanía. “Se comienza a domesticar a personas y a darles una pésima señal diciéndole: ‘No te preocupes, quédate tranquilo. Como tienes tantas dificultades, yo me voy a encargar. Y tú vas a transferir plata’”, señala al respecto. Si no se amplían las oportunidades en educación, vivienda y puestos calificados, el experto advierte que estamos haciendo “pan para hoy día y hambre para mañana”.
La urgencia de una «fila única» en vivienda
En el ámbito habitacional, Baranda propone un cambio radical en la gestión del Ministerio de Vivienda. Actualmente, critica que no existe un registro transparente de quienes postulan. “Tú te metes al Ministerio de Vivienda y no hay un registro de las familias que están postulando. El déficit que tenemos de vivienda ese déficit lo sacamos del censo. No lo tenemos en una lista que uno se pueda meter en una fila”, asevera.
La propuesta de Invica se centra en retomar la tríada de “ahorro, subsidio y crédito” para exigir un mayor compromiso a las familias que reciben un patrimonio material del Estado. Una fila única permitiría dar certezas. “Si yo tengo la fila, por ejemplo, del cáncer y alguien trata de vulnerar esa fila, se va a saber al tiro. En vivienda no conocemos la fila. Y como no conocemos la fila, bueno, tengo abierto el campo para vulnerar la fila”, explica.
Campamentos: Entre la radicación y el subsidio de arriendo
Sobre la realidad de las tomas, Baranda diferencia entre los terrenos urbanizables y los que no lo son. Estima que un “30% o un poco más de las personas que hoy día residen en campamentos pueden quedarse radicados en esos terrenos” mediante la urbanización estatal. Para el 70% restante, propone un plan de salida basado en subsidios de arriendo de largo plazo que eviten que las personas terminen en cités o tomas por desesperación.
El problema, insiste, es la falta de control directo sobre los beneficiarios. “El ministerio no conoce esa realidad. Se guía por la encuesta CASEN o por el censo, pero no por una lista que se sepa con nombre y apellido dónde están las personas”, asegura.
El empleo no es la única solución
Finalmente, frente al debate de la «Mega Reforma» tributaria y la idea de que el crecimiento y el empleo por sí solos solucionarán la exclusión, Baranda es tajante. Aunque reconoce la importancia del trabajo, advierte sobre los límites de esta visión puramente económica. “La única manera en la cual los países han logrado subsanar la pobreza no es solamente con el empleo. El empleo, si no va acompañado de buenas políticas públicas en salud, en educación y en vivienda, es pan para hoy día y hambre para mañana”, fundamenta.
Baranda concluye que si los recursos públicos se ven limitados por esta reforma, presenciaremos una “acentuación de la exclusión social y un aumento de las brechas sociales que va a implicar un alto costo para Chile” en el futuro cercano.
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