COLUMNA DE OPINIÓN

Marcelo Contreras desmitifica los álbumes en vivo: “De en vivo no tienen nada; en Alive! de Kiss solo rescataron la batería de Peter Criss”

El crítico de música revela que clásicos como "Alive!" de Kiss o "Sex Machine" de James Brown fueron casi totalmente grabados en el estudio.

Kiss Alive! Cd Web
Casablanca Records

La mística del rock and roll siempre se ha alimentado de la energía cruda de sus presentaciones en directo. Sin embargo, detrás de muchos de los registros más aclamados de la historia se esconde un secreto de producción que cuestiona la autenticidad de esos momentos. Según explica el crítico de música Marcelo Contreras en su columna de Palabras Sacan Palabras, muchos de estos trabajos son, en realidad, “remasterizados, regrabados e incluso completamente creados de cero en estudio, conservando solamente el ruido ambiente”.

Esta práctica no es una novedad de la era digital. Contreras señala que este es un recurso antiguo que se remonta a los inicios del género. Músicos como Cliff Richard y The Shadows ya utilizaban el truco de “poner aplausos y gritos de fanáticas cuando estaba todo grabado en el estudio”.

El caso Kiss: El estandarte de la falsedad

Si existe un disco que simboliza esta contradicción es Alive! (1975) de Kiss. La banda, famosa por su despliegue escénico y pirotecnia, enfrentó serios problemas al revisar las cintas de sus actuaciones. Marcelo Contreras es tajante al respecto: “Con la excepción de la batería de Peter Criss, el resto está todo regrabado”.

La justificación de la banda radicaba en la dificultad técnica de tocar con precisión mientras realizaban sus complejas coreografías. Paul Stanley, en su biografía, defendió la decisión de pulir el álbum en el estudio: “¿Quién querría escuchar un error repetido sin cesar? ¿Quién querría escuchar una guitarra desafinada? ¿Para qué? ¿Autenticidad?”. Por esta razón, el productor Eddie Kramer decidió que solo se rescataría la percusión original.

El funk y el rock bajo el bisturí

James Brown, a menudo considerado un purista del ritmo, también recurrió a estas técnicas en su icónico Sex Machine de 1970. Contreras revela que el álbum finge ser un vivo que jamás existió de esa forma. En medio de una crisis interna donde Maceo Parker abandonó la banda, Brown armó un nuevo grupo y grabaron todo el material en estudio haciéndolo pasar por un concierto. “Si la gente pone mucha atención, se escucha notoriamente que están superpuestas las grabaciones entre los aplausos, los gritos y cuando después entra la banda”, advierte el crítico.

Otro ejemplo de gran envergadura es Live and Dangerous (1978) de Thin Lizzy. El productor Tony Visconti confesó años después que borraron prácticamente todo excepto la batería. Phil Lynott, aunque carismático, aún estaba aprendiendo a dominar el bajo y su voz presentaba fallos en las tomas originales. Contreras detalla que el músico “terminó regrabando todo”, al punto que en el disco final se pueden escuchar “voces de los guitarristas y además Phil Lynott cantando encima”.

Ediciones artesanales y retoques necesarios

El nivel de intervención en estos álbumes puede llegar a extremos técnicos impresionantes. En el caso de Absolutely Live (1970) de The Doors, el productor Paul Rothchild realizó un trabajo de orfebrería con las cintas. Contreras destaca que el álbum tiene “2000 intervenciones en la cinta. Está todo absolutamente agarrando un pedacito de allí y un pedacito de allá”, un proceso complejo para la era análoga que consistía en cortar y pegar material de distintas fechas.

No todos los retoques son tan drásticos. En Frampton Comes Alive! (1976), Peter Frampton aplicó lo que Contreras denomina un “maquillaje bastante más ligero”. En este clásico, solo se regrabó la guitarra rítmica de hits como «Show Me the Way» y se ajustaron algunos versos y pianos. Sin embargo, bandas como Rush también cayeron en la tentación. En Exit… Stage Left (1981), Contreras afirma que los magníficos sintetizadores de temas como «Jacob’s Ladder» fueron regrabados, algo que se evidencia al compararlos con ediciones de aniversario más honestas.

¿Es un recurso válido?

La discusión sobre si estos arreglos constituyen un engaño o una mejora necesaria sigue vigente. Para el crítico, la industria musical aplica estos «parches» porque “los músicos se escuchan y les da vergüenza, aunque la gente no se dé ni cuenta”. Otros casos extremos incluyen a Guns N’ Roses con Live ?!@ Like a Suicide*, que fue grabado íntegramente en estudio con gritos de público añadidos, o Judas Priest, donde Rob Halford regrabó gran parte de Unleashed in the East debido a un fuerte resfriado.

Finalmente, Marcelo Contreras concluye que, aunque estos discos son clásicos innegables, su naturaleza es más cercana a una producción de estudio que a un documento histórico fiel. Para quienes buscan la verdadera crudeza del directo, el experto recomienda los «soundboards» o grabaciones piratas, citando el Live at Leeds de The Who como uno de los pocos registros que sí transmiten esa autenticidad.


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