A mediados de los años 70, David Bowie ya era plenamente consciente del monstruo que había creado. Tras dinamitar el planeta con la estética alienígena de Ziggy Stardust, el músico británico vivía aterrado por la posibilidad de quedar atrapado en su propia caricatura.
Ese giro radical hacia el plastic soul tuvo su catalizador definitivo cuando los caminos de Bowie y John Lennon se cruzaron a finales de 1974. Traumatizado aún por los litigios legales que sepultaron a los Beatles, Lennon encontró en Bowie a un par igual de escéptico sobre la industria.
Entre conversaciones interminables sobre el aislamiento, el peso del reconocimiento y los abusos del management, germinó una alianza. Dicha alianza se concretaría en el estudio a principios de 1975 durante las sesiones del álbum Young Americans.
Una tarde en el estudio y un riff inmortal
Lo que terminó convirtiéndose en «Fame», lanzado como sencillo el 25 de julio de 1975, fue el fruto de una chispa instantánea. Además, se basó en un patrón rítmico que el guitarrista Carlos Alomar había diseñado a partir del tema «Foot Stompin'» de los Flares. Bowie y Lennon comenzaron a moldear la pista en cuestión de horas.
Mientras Lennon aportaba rasgueos acústicos y metía unas agudas voces de fondo, Alomar prefirió quedarse en el estudio puliendo las capas de guitarra. Él se quedó en vez de ir a cenar con ambas leyendas. Esa decisión dio sus frutos: al regresar, David Bowie quedó tan fascinado con el ensamble rítmico que declaró la canción terminada.
La producción añadió detalles brillantes para la época, como la inversión de la guitarra acústica de Lennon (creando ese característico efecto de succión al inicio) y una reverberación expansiva para la guitarra de Bowie. Mientras los músicos improvisaban sobre influencias de soul y del catálogo Stax, el propio Bowie escribía en la sala de control una letra ácida. Dicha letra rimaba «fama» con «dolor».
El legado de una crítica visionaria en «Fame»
Publicada bajo el sello RCA, «Fame» desconcertó a la crítica de la época, pero conquistó de inmediato las listas. Así, logró alcanzar el puesto No. 1 del Billboard Hot 100 en septiembre de 1975. El impacto del riff fue tan demoledor que el mismísimo James Brown lo tomó prestado casi de manera íntegra para su tema «Hot (I Need to Be Loved, Loved, Loved)».
Más allá del éxito comercial, la canción quedó como un testimonio clarividente de lo que David Bowie y John Lennon avizoraron décadas atrás. Mientras el pop actual muchas veces persigue el reconocimiento por sobre el contenido, «Fame» permanece como un funk oscuro y elegante. Nos recuerda que la celebridad, por sí sola, no es más que una ilusión que deja un profundo sentimiento de vacío.
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