Hoy, 11 de julio, se cumplen exactamente 12 años desde que el mundo de la música tuvo que despedirse de Tommy Ramone, quien falleció en 2014 a los 62 años tras una dura batalla contra el cáncer.
Pero la historia de Thomas Erdélyi (su verdadero nombre) es mucho más que la de un simple músico detrás de los platillos. Fue el arquitecto silencioso, el cerebro organizativo y el hombre que literalmente tuvo que sentarse en la batería para evitar que la banda más importante del punk se hundiera antes de zarpar.
Aquí en Futuro repasamos el mito del último de los Ramones originales.
De Hungría a Queens: El nacimiento de una hermandad
Nacido en Budapest en 1941, Thomas emigró a Estados Unidos en la década de los 50, aterrizando en el barrio de Forest Hills, en Queens. Fue en esas calles donde el destino cruzaría su camino con John Cummings, Jeffrey Hyman y Douglas Colvin. Cuatro inadaptados que en 1974 decidirían adoptar el mismo apellido artístico para pasar a la inmortalidad como los Ramones.
Inicialmente, el rol de Tommy no estaba en el escenario. Con un oído clínico para la producción, actuó como el primer representante de The Ramones, consiguiéndoles un espacio en el Performance Studio de Manhattan. Allí, el 30 de marzo de 1974, dieron su primer show frente a 30 personas. ¿El resultado? Un desastre absoluto.
El salvavidas rítmico y la explosión en el CBGBEs
La formación original de The Ramones tenía a Joey en la batería y a Dee Dee intentando tocar la guitarra rítmica y cantar al mismo tiempo, algo que simplemente no le daba el cerebro ni las manos. Fue Tommy quien, con visión de productor, ordenó la casa: movió a Dee Dee al bajo, puso a Joey a cargo del micrófono por su inconfundible voz, y él mismo tomó las baquetas.
El 16 de agosto del 74, con Tommy marcando el infatigable 1-2-3-4!, debutaron oficialmente en el mítico CBGB. Su estética de chaquetas de cuero, jeans rotos y esa actitud de rebeldía cruda les abrió las puertas de la escena neoyorquina a patadas.
«Blitzkrieg Bop» y el paso a la consola de sonido
A principios de 1976, la banda desató su furia en su álbum debut homónimo, el «Big Bang» del punk rock. De esta placa se desprende la legendaria «Blitzkrieg Bop», una bomba sonora coescrita por Tommy y Dee Dee que se convirtió en el himno definitivo de la alienación juvenil.
Tommy grabó en los tres primeros e intachables discos de la banda (incluyendo Leave Home y Rocket to Russia en el 77). Sin embargo, el ritmo frenético de las giras lo agotó. En 1978, cedió su asiento a Marky Ramone, pero nunca abandonó a su familia: siguió detrás de la consola produciendo joyas como Road to Ruin (1978), Too Tough to Die (1984) y Brain Drain (1989).
El adiós del último guardián
Las fricciones internas y los años alejaron a Tommy de la órbita de The Ramones hasta aquel agridulce reencuentro en 1999 para una firma de autógrafos. La década del 2000 fue brutal para los fanáticos: las muertes sucesivas de Joey, Dee Dee y Johnny dejaron a Tommy como el único sobreviviente de aquella formación inicial que cambió la música para siempre.
Incluso en sus últimos años, su curiosidad musical no se detuvo, editando en 2006 un disco de bluegrass con su proyecto Uncle Monk. A 12 años de su partida, recordamos a Tommy Ramone no solo como el motor rítmico de los cuatro de Queens, sino como la pieza clave sin la cual el punk, simplemente, no habría existido.
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