COLUMNA DE OPINIÓN

El «psicólogo del rock» Sebastián Rodríguez revela negocio de la manósfera: “El discurso de odio hacia las mujeres genera millones de clics y dinero”

Descubre cómo la "manósfera" radicaliza a jóvenes y genera millonarias ganancias a través de discursos de odio. El coach Sebastián Rodríguez analiza este fenómeno global y su impacto en Chile.

Sebastian Rodriguez Coach Psp Web
Radio Futuro

En el último tiempo, el debate público ha girado hacia rincones oscuros de la red que antes parecían marginales. Conceptos como el masculinismo y el resurgimiento de discursos misóginos han ganado una visibilidad sin precedentes. Sebastián Rodríguez, psicólogo y coach conocido como el «psicólogo del rock», analizó en su más reciente columna de Palabras Sacan Palabras este fenómeno denominado la manósfera, advirtiendo sobre su poder de radicalización en adolescentes y su lucrativo modelo de negocio.

¿Qué es la manósfera y por qué debe preocuparnos?

Para entender este fenómeno, es necesario definir sus espacios de influencia. Según explica Rodríguez, la manósfera está compuesta por «espacios en internet donde hombres conversan con otros hombres sobre los males del mundo que son las mujeres». Lo que antes se consideraba un contenido oscuro y limitado a foros específicos de la web, hoy se ha transformado en un consumo masivo, especialmente entre los menores de edad.

El especialista advierte que «los que siguen esos contenidos son niños». A través de redes sociales como TikTok e Instagram, los jóvenes acceden a influencers que normalizan discursos de odio. Rodríguez señala que este es un «fenómeno global» donde niños latinos consumen material de creadores españoles y estadounidenses, integrando conceptos radicales en su vocabulario cotidiano.

La maquinaria de dinero detrás del odio

Uno de los puntos más alarmantes revelados por el psicólogo es que estos discursos no solo son ideológicos, sino extremadamente rentables. La manósfera funciona como una «maquinaria de dinero» sustentada por algoritmos que premian la controversia.

Rodríguez detalla que este ecosistema se mantiene gracias a la inversión de diversas industrias: «Los algoritmos generan plata; las criptomonedas, las casas de apuesta… pagan por estos discursos de ‘woman bashing’, que es hablar mal de las mujeres, y genera plata». En este sentido, el odio hacia la mujer se convierte en un producto de consumo que genera «votos, likes y plata», lo que permite que el sistema se sostenga y crezca rápidamente.

Soledad masculina y el mundo gamer

El perfil del consumidor habitual suele ser el de un joven que pasa largas jornadas frente a una pantalla. El psicólogo destaca que «hay un fenómeno detrás que es una soledad masculina… niños que pasan mucho tiempo solos». Esta vulnerabilidad es aprovechada por comunidades que inicialmente parecen inofensivas.

De acuerdo con el experto, las conversaciones pueden partir de temas cotidianos como «el deporte, la alimentación o las criptomonedas», pero bajo esa superficie se empieza a generar una comunidad radicalizada. En estos foros, se premia la agresividad: «Te premian mientras más bestia seas, mientras más misógino, mejor».

La metáfora de la «Red Pill» y la victimización del hombre

Los jóvenes dentro de estos circuitos manejan códigos que sus padres muchas veces desconocen. Uno de los términos centrales es la Red Pill (pastilla roja). Rodríguez explica que es una metáfora de la película Matrix: «Los hombres que se han tomado la red pill ya saben ‘la verdad’: que las mujeres no son las víctimas, sino que los hombres son las víctimas».

Este discurso de victimización masculina sostiene que el feminismo ha quitado «posición, trabajo y prestigio» al hombre. Esta narrativa ha escalado a tal nivel que figuras influyentes han llegado a la esfera política de alto nivel. Rodríguez cita el caso de Nick Fuentes, un influencer incel que «ha ido a la Casa Blanca y se ha sentado con Donald Trump», demostrando que estos líderes ya no son figuras marginales.

El impacto en la sociedad chilena y el rol de los adultos

Aunque parezca un fenómeno lejano, Chile no está exento. El psicólogo afirma que en el país ya se observan brotes de esta tendencia. «En Chile se habla de estas cosas y hay conversaciones sobre que el péndulo se está yendo hacia el otro extremo», comenta, refiriéndose a la reacción contra los avances del feminismo.

Además, alerta sobre la desconexión entre el mundo digital de los hijos y el conocimiento de los padres. Mientras los adultos deben leer artículos para entender estos riesgos, «nuestros hijos probablemente ya están al tanto de todo».

Finalmente, Sebastián Rodríguez hace un llamado a la acción frente a la «soledad de estos adolescentes y jóvenes que pasan muchas horas solos detrás de pantalla». Para el experto, es fundamental establecer canales de comunicación, ya que para muchos jóvenes, su «verdadera vida» ocurre en estos circuitos digitales inaccesibles para los adultos. La regulación y el acompañamiento se vuelven urgentes para evitar que el discurso de odio siga siendo un negocio imparable.


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