Hoy, 11 de julio, los micrófonos y las redacciones celebran el Día del Periodista. Habitualmente, esta fecha es para brindar por quienes destapan verdades incómodas y enfrentan al poder.
Sin embargo, en el mundo del Rock & Roll existe una historia fascinante y retorcida sobre esta profesión. Es la de un joven e introvertido cronista musical que, libreta en mano, tomó nota de todo lo que hacían sus ídolos. Finalmente terminó construyendo a uno de los personajes más polarizantes, exitosos y hoy repudiados de la música.
Hablamos de Brian Hugh Warner, el hombre que el mundo conocería como Marilyn Manson. En su época dorada, su agudo oído (entrenado en la crítica musical) lo llevó a dominar la escena del metal industrial. Lo hizo con obras maestras de la provocación como Antichrist Superstar (1996) y Mechanical Animals (1998).
Pero hoy, alejado de los escenarios y acorralado por escalofriantes denuncias de abuso, el exreportero se ha convertido en el objeto de estudio del periodismo de investigación más crudo.
La libreta de apuntes y el editor que presagió el horror de Manson
Mucho antes de destrozar biblias en el escenario, Brian Warner era un veinteañero radicado en Florida. Estudiaba periodismo y trabajaba para la revista musical 25th Parallel. Su labor era ir a clubes, reseñar tocatas y entrevistar a figuras de la talla de Trent Reznor (Nine Inch Nails), Red Hot Chili Peppers o Debbie Harry.
Quienes lo conocieron en esa época lo describen como un tipo callado, casi asustadizo, que andaba con pantalones de pana y que no soltaba su cuaderno de apuntes. Así fue en el Lollapalooza del 91, cuando reseñó a Perry Farrell. Sin embargo, su jefe en la revista, Paul Gallotta, vio algo más oscuro. Según confesó tiempo después, la primera impresión que tuvo del joven cronista fue escalofriante. Notaba en él una rabia reprimida tremenda, dándole la vibra de alguien que podría convertirse en un asesino en serie.
Ese trabajo de campo le sirvió a Warner para darse cuenta de algo. Él podía armar un concepto mucho más impactante que los artistas a los que reporteaba. Tomó la belleza trágica de Marilyn Monroe y la maldad absoluta de Charles Manson. Además, decidió que su personaje se dedicaría a ganarse la confianza del público para luego destruirlo.
El monstruo escondido a plena vista
Hoy, el presente de Manson es un callejón oscuro. Las múltiples acusaciones de violencia y abuso sexual, físico y psicológico lo bajaron del pedestal del rock. Paradójicamente, fue el mismo oficio que él abandonó (el periodismo musical) el encargado de desmantelar su fachada.
En 2021, la revista Rolling Stone publicó un demoledor artículo titulado «Marilyn Manson: Un monstruo escondido ante nuestros ojos«. Por otra parte, la premisa de la investigación es brutalmente clara: Manson nunca escondió sus crímenes. Simplemente los disfrazó de «arte» y «provocación rockera» para que la industria aplaudiera lo inexcusable.
A través de un meticuloso rastreo, el reportaje expone cómo la transición del cronista tímido al «Anticristo» trajo consigo conductas deleznables desde el día uno:
- La violencia como espectáculo: El artículo rescata pasajes de la propia autobiografía del cantante, donde relata haber golpeado a mujeres en el escenario y haberlas arrastrado con un collar de perro. En su momento, el cantante y su entorno lo justificaron como una «crítica artística al patriarcado».
- Acoso documentado: Amigos de la época de los 90 confesaron a Rolling Stone haber visto grabaciones caseras, mostradas como trofeos por el propio Manson. En ellas exhibía actos sexuales sin el consentimiento de las mujeres grabadas.
- Terror psicológico: El texto revela episodios donde Manson y su bajista (Twiggy Ramirez) acosaron telefónicamente a una trabajadora de un centro comercial. Además, la amenazaron explícitamente con violarla y asesinarla.
- El culto tóxico: Con su primer club de fans, «Satan’s Bake Sale», el cantante incitaba a sus seguidores (muchas menores de edad) a quebrantar la ley y enviar material explícito, refiriéndose a ellos como «La Familia», en un macabro guiño al clan de Charles Manson.
La ironía final
El punto de no retorno, según relatan sus excompañeros en el reportaje, llegó cuando Trent Reznor lo firmó para su sello en 1993. A partir de ahí, la persona desapareció y el «monstruo» tomó el control total. Ya en 1994, en una frase que hoy hiela la sangre, el excronista declararía abiertamente a la prensa que encontraba una profunda excitación sexual en los gritos y el miedo de las mujeres.
En este Día del Periodista, la figura de Marilyn Manson sirve como el relato más irónico y oscuro del circuito musical. El chico que alguna vez se sentó con una grabadora a buscar la historia de las estrellas de rock terminó convirtiéndose en el sujeto de investigación para periodistas actuales.
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