El verano de 1967 es recordado por el «Verano del Amor» y la explosión de la psicodelia, pero también por albergar uno de los errores estratégicos más extraños en la historia de la música: la gira de The Jimi Hendrix Experience como teloneros de The Monkees. Lo que parecía una oportunidad de oro para ganar exposición en Estados Unidos terminó en un choque cultural absoluto entre el «vudú» de Hendrix y el pop adolescente de la televisión.
Un plan «brillante» destinado al desastre
Tras su triunfal paso por el Monterey Pop Festival, el manager de Hendrix, Mike Jeffery, buscaba consolidar el éxito de Jimi en suelo americano. A pesar de que Hendrix ya era una sensación en Europa, Jeffery creía que unirse a la gira de The Monkees, la banda más popular del momento, garantizaría una promoción sin precedentes.
Aunque parezca increíble, fue Micky Dolenz, el baterista de The Monkees, quien impulsó la idea. Dolenz se había vuelto un fan devoto tras ver a Jimi tocar en Nueva York y quedar «estupefacto» por su talento. Por el contrario, Chas Chandler, el otro manager de Hendrix, se opuso fervientemente al contrato, prediciendo que la mezcla de audiencias sería un desastre total.
«¡Queremos a Davy!»: El calvario de Hendrix
La gira comenzó el 8 de julio de 1967 en Jacksonville, Florida. Desde el primer acorde de «Purple Haze», quedó claro que algo andaba mal. El público, compuesto mayoritariamente por niñas de entre 7 y 12 años acompañadas por sus padres, no tenía interés en la distorsión eléctrica o los movimientos sensuales de Hendrix.
Mientras Jimi intentaba elevar su «iglesia eléctrica», las fans respondían con cánticos ensordecedores: «¡Queremos a Davy!» y «¡Queremos a The Monkees!». Incluso se cuenta que cuando Jimi intentó que la audiencia coreara su éxito «Foxy Lady», las jóvenes gritaban de vuelta «Foxy Davy», en honor al ídolo juvenil Davy Jones.
Para Hendrix, un músico que valoraba profundamente la espiritualidad de su arte, la situación era humillante. Se sentía, según sus propias palabras, como si «Mickey Mouse me hubiera reemplazado».
El adiós con el dedo medio y una mentira piadosa
La tensión alcanzó su punto máximo el 17 de julio de 1967. Hendrix, harto del desinterés y los gritos, realizó su última actuación en el Forest Hills Stadium de Nueva York. Tras apenas ocho presentaciones, Jimi soltó su guitarra, levantó el dedo medio al público y abandonó el escenario para no volver jamás.
Para evitar un escándalo mediático que dañara la imagen de ambos grupos, el promotor Dick Clark y el equipo de Hendrix inventaron una historia para la prensa. Informaron que Hendrix había sido expulsado de la gira por las Hijas de la Revolución Americana (DAR), quienes supuestamente consideraban su show «demasiado erótico» para las jóvenes audiencias. Aunque fue una mentira publicitaria, la historia se convirtió en un mito del rock que perdura hasta hoy.
Una amistad más allá de los abucheos
A pesar del fracaso comercial de la gira, los miembros de ambas bandas desarrollaron una sincera amistad. Hendrix se hospedó en la mansión de Peter Tork en Laurel Hills y compartía momentos tranquilos con los Monkees fuera del escenario. Dolenz recordaría años después a Jimi como un hombre «dulce, amable y silencioso», muy alejado de su explosiva personalidad escénica.
Finalmente, Hendrix retomó su propio camino hacia la inmortalidad, mientras The Monkees continuaron su éxito televisivo, dejando esta gira como una de las anécdotas más surrealistas de la década de los sesenta.
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