La trayectoria de Felipe y Pablo Ilabaca ha estado marcada por la innovación sonora y una conexión genuina con la identidad latinoamericana. En conversación con Andrea Moletto y Ávaro Paci en Palabras Sacan Palabras, los músicos presentaron «Verdadero Amor», el cuarto adelanto de su próximo álbum. Esta pieza no solo destaca por su sonido, sino por la carga conceptual que propone en un contexto social de fragilidad y descarte.
El espíritu litoraleño y el proceso creativo
La gestación de este nuevo material tuvo lugar en el Litoral Central de Chile, un entorno que permeó la estética de las composiciones. Felipe Ilabaca detalla que este sencillo captura perfectamente esa atmósfera: «esta canción ‘Verdadero Amor’, como tiene esta estética más playera, evocadora a una puesta de sol, es la que más resume ese espíritu litoraleño que tanto nos gusta». El músico describe el estilo de la obra como una «estética de guitarra, más fogatera, más tranqui, como el cliché de las canciones más románticas».
El álbum, que constará de 12 temas, se ha desarrollado en etapas diferenciadas entre la creación y la grabación profesional. Felipe explica que «el primero es un proceso como de creación, de composición y ya ahora es el momento ya de materializarlas en el estudio». Tras completar la primera tanda de grabaciones, los hermanos regresan al estudio para finalizar la segunda mitad del disco.
El amor como resistencia y el retorno al humanismo
Más allá del romanticismo convencional, los Hermanos Ilabaca plantean que los vínculos afectivos sólidos representan una postura crítica frente al modelo actual. Al reflexionar sobre la temática de sus letras, Felipe afirma: «creo que no hay nada más político que defender el amor en un mundo que se quiere destruir todo el tiempo». Esta defensa surge como respuesta a lo que él denomina «la época de lo desechable, cuando todo se vota, todo queda obsoleto al tiro porque está viejo».
Esta visión no es partidista, sino que nace de una urgencia humanista. El bajista sostiene que su pensamiento político se basa en el sentido común: «estamos hablando desde un humanismo. Quizás eso es lo más político porque el humanismo no está de moda. El arte si no renta, ¿de qué me sirve?». A pesar de trabajar en un sistema de entretenimiento, los hermanos buscan inyectar profundidad en sus mensajes para ofrecer algo más que un producto mercantil.
Jugar con las «reglas de la FIFA» en la industria musical
La adaptación a los nuevos tiempos ha sido un desafío que los hermanos asumen con pragmatismo y honestidad. En un mercado dominado por métricas y visualizaciones, Felipe utiliza una analogía deportiva: «hay que saber jugar el partido con las nuevas reglas de la FIFA. Las redes sociales o el mercado, donde todo es medible con estadísticas, con cuántos views tienes, esa es la cancha en la que hay que jugar».
Sin embargo, el objetivo no es simplemente cumplir con las estadísticas, sino mantener la esencia artística. El músico propone ejecutar un «juego bonito» a través de letras honestas: «nosotros sentimos esto y lo vamos a decir con la honestidad que nos salga y vamos a hablar desde nuestra vereda, el hablar desde lo humano». Esta filosofía se aplica también a su forma de trabajar, retornando al modelo de los años 40 donde los sencillos precedían a los álbumes recopilatorios.
La psicodelia del Zócalo y el «tercer cerebro»
Uno de los hitos más recientes en la carrera de los Hermanos Ilabaca fue su presentación masiva en México ante 230,000 personas. Pablo Ilabaca relata la extraña sensación psicológica de actuar frente a tal multitud, describiendo lo que llama el «tercer cerebro»: «estáis tocando y estáis como moviendo tus manos, moviendo tu lengua porque estáis cantando. Pero hay otro cerebro que también puedes estar pensando. Yo me preguntaba: ¿Apagué el calefón? ¿Cerré con llave el auto?».
Esta experiencia colectiva transformó su percepción de la masa humana. Felipe recuerda que «sentíamos que era un solo ser vivo y cuando te detenías a mirar, veías una cabeza y descubrías una persona ahí en esa masa, pero eran como células del bicho grande». Tras el estallido de energía, Pablo admite que suele venir un periodo de decaimiento emocional: «después viene un mini achague. Es tan buena la cuestión que después te hace falta esa nueva sensación tan única e irrepetible».
El futuro: Entre el estudio y la luz
Actualmente, los Hermanos Ilabaca se enfocan en terminar su disco, disfrutando del proceso de «cocina» musical. Pablo destaca que «esta etapa antes de entrar a cocinar es muy rica porque se te ocurren cosas todos los días en los ensayos. Es como un juego». Con una carrera de 32 años a cuestas, los músicos siguen viendo en la creación una forma de emitir luz en un mundo oscuro, convencidos de que la música habla por sí sola y entrega sensaciones que el mundo necesita con urgencia.
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