En un contexto de alta fragmentación y debates profundos sobre el rumbo del país, el sociólogo e investigador senior del CEP, Aldo Mascareño, presentó su nuevo ensayo titulado La condición postdemocrática en Chile. En una extensa entrevista en Palabra Que Es Noticia, el autor exploró cómo la democracia chilena intenta sobrevivir recurriendo a herramientas que antes le eran ajenas, advirtiendo sobre el riesgo de un colapso institucional.
¿Qué es la condición postdemocrática?
Para Mascareño, la postdemocracia no es el fin del sistema, sino un nuevo marco de funcionamiento. El sociólogo explica que la idea clásica de democracia, basada en el consenso y la inclusión, enfrenta hoy una realidad de extrema complejidad y desigualdad.
Sobre este concepto, Mascareño define: “La postdemocracia nosotros la hemos tratado de definir como una condición. ¿Qué significa una condición? Un marco de condiciones que hacen posible un cierto funcionamiento de la política contemporánea”. El autor añade que este estado surge al preguntarse qué hace la política hoy para sobrevivir a procesos de fragmentación y globalización que “localmente hoy no se pueden controlar”.
El choque entre lo global y lo local
Uno de los puntos más críticos del análisis es la disonancia entre los problemas que afectan a la ciudadanía y la capacidad de los Estados para resolverlos. Mascareño sostiene que fenómenos como el cambio climático o el crimen transnacional generan una desconfianza profunda en las instituciones locales.
Al respecto, señala: “Se produce una disonancia entre problemas que son globales y decisiones que son locales. Puesto que los estados nacionales pueden hacer poco frente a esos problemas globales, salvo coordinarse, la gente comienza a desconfiar de las instituciones sociales”.
Esta desconexión obliga a la democracia a buscar recursos en espacios antes considerados antagónicos. Según el investigador: “La condición postdemocrática es una especie de vida democrática con el enemigo. Supone la búsqueda de recursos y de motivaciones en cada uno de esos otros espacios que antes considerábamos eran contrarios a la democracia, como ciertas condiciones de autoridad, militarización o populismo”.
El gobierno de Kast y el «espectáculo» de la seguridad
Al evaluar los primeros meses de la administración del presidente José Antonio Kast, Mascareño observa un cumplimiento del programa, pero con énfasis que podrían ser superficiales. Aunque el gobierno ha priorizado la seguridad y la economía, el sociólogo advierte una falta de profundidad en las soluciones de largo plazo.
“En el caso de la seguridad ha puesto demasiado énfasis en estas acciones espectaculares. En la zanja, en llevar a los militares a la zona norte. Ha habido poca discusión respecto de cuáles son los elementos de más largo plazo que afectan la seguridad, como las cuestiones urbanas, el diseño urbano o la desintegración de las bases de datos entre PDI y militares”.
El espejismo de la megarreforma
La discusión legislativa de la megarreforma ha dominado la agenda pública, pero Mascareño advierte que este gran debate macroeconómico ha funcionado como un velo que oculta las urgencias cotidianas de los chilenos.
“La megarreforma lo que ha hecho es hacernos pensar solamente en cuestiones económicas macro. En las ideas de crecimiento y estabilidad fiscal. Esa discusión ha ocultado una serie de otros elementos que ahora recién estamos comenzando a ver. Por ejemplo, el desempleo”.
El sociólogo es enfático en que la prioridad de lo macro terminó por desplazar la realidad micro: “Los problemas más micro que afectan a personas concretamente día a día han comenzado a quedar oscurecidos por esta amplia publicidad del dominio que ha tenido la discusión de la megarreforma. Tapó el día a día”.
El riesgo del colapso democrático
El título del libro de Mascareño, Política de colapso, no es accidental. El autor advierte que recurrir al populismo o al autoritarismo para «revitalizar» la democracia es un juego peligroso que puede terminar por destruir los cimientos del sistema liberal.
“Es una democracia que busca nuevos recursos políticos en el populismo, la identidad o las condiciones de autoridad. Pero eso la pone también mucho más al borde del riesgo, al borde de desintegrarse como orden democrático”.
Para evitar este desenlace, Mascareño subraya la importancia de proteger los pilares fundamentales: “Una cuestión fundamental es que mantenga las condiciones más fundamentales propias de la democracia, como la división de poderes o los derechos fundamentales, que son elementos clave para mantener el orden postdemocrático sin que ella colapse”.
Finalmente, sobre la estrategia del ministro Quiroz de aprobar reformas por un solo voto de diferencia, Mascareño advierte: “Ganar este tipo de reformas por un voto no parece ser una receta adecuada o una receta duradera. Una reforma estructural no puede ser algo que solamente se gane circunstancialmente. Tiene que mostrar una cierta estabilidad respecto de las expectativas de futuro”.
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