Vivir en el país más sísmico del planeta nos da una especie de cuero duro. Estamos acostumbrados a los terremotos, al crujido de las paredes y a mantener la calma cuando el suelo se mueve.
Sin embargo, la brutal tragedia que golpeó al norte de Venezuela esta semana (con dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 azotando casi en simultáneo, dejando un saldo lamentable de 920 muertos y más de 3.000 heridos) abrió una interrogante inevitable y directa al hueso: ¿Puede la tierra golpearnos dos veces con la misma fuerza en cuestión de segundos?
Lo que en el Caribe pareció un terremoto eterno con réplicas violentas, en realidad fue algo mucho más complejo y peligroso para la ciencia: un doblete sísmico. Además, la advertencia de expertos como Marcelo Lagos ya encendió las alarmas sobre el peligro real de que este fenómeno se repita en territorio nacional.
La diferencia entre el reacomodo y el golpe doble
Para el ciudadano común, la diferencia puede parecer un tecnicismo. Sin embargo, en términos de destrucción lo cambia todo. Roberto Benavente, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), explica que un doblete no tiene nada que ver con las réplicas comunes a las que estamos habituados.
Mientras que las réplicas son sismos considerablemente más pequeños que ocurren por el reacomodo de las placas tras el golpe principal, los dobletes son rupturas complejas en cadena. Se trata de dos eventos de magnitudes casi idénticas que afectan a diferentes segmentos de una falla, o a fallas vecinas. Esto libera una cantidad de energía demoledora con apenas segundos de diferencia. Si el primer remezón ya debilitó las estructuras, el segundo viene a rematarlas.
El peligroso antecedente oculto en La Araucanía
La gran pregunta es si esto es una amenaza real para Chile o solo un escenario de ciencia ficción exclusivo de otras latitudes. La respuesta de la ciencia es categórica: no se descarta en absoluto porque ya ocurrió.
Existe al menos un caso documentado en la historia geológica reciente del país. El 2 de enero de 2011, la Región de La Araucanía sufrió un sismo asociado al violento contacto entre las placas de Nazca y Sudamericana. En su momento, pasó casi desapercibido bajo la etiqueta de un sismo fuerte común. Sin embargo, los análisis científicos posteriores revelaron una verdad inquietante: fue un doblete sísmico. Un segundo terremoto ocurrió solo un par de segundos después del primero, camuflado de tal forma que las redes de monitoreo iniciales ni siquiera lo detectaron en primera instancia.
El gigante que rompe de un solo golpe
Por las características de nuestra geografía, la gran mayoría de los megaterremotos en Chile ocurren por subducción (una placa hundiéndose bajo la otra). Este mecanismo tiende a liberar el esfuerzo acumulado rompiendo una zona gigantesca de contacto en un solo evento masivo. Así ocurrió en 1960 o en 2010.
Sin embargo, que esa sea la norma no nos hace inmunes. La complejidad de las fallas locales y la brutal presión acumulada en las costas chilenas mantienen la ventana abierta para que la tierra decida golpear por partida doble. Por eso, frente a la naturaleza, la única regla válida en este lado del mundo es nunca bajar la guardia.
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