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La historia detrás del álbum que encorvó el destino de Josh Homme a convertirse en leyenda del rock

El talentoso músico encontraría relativo éxito hasta hallar su verdadera vocación dentro del mundo de la música que no lo detuvo más.

Queens Of The Stone Age Josh Homme
Interscope Records

Si el debut homónimo de Queens of the Stone Age fue una declaración de principios desde el desierto, su segundo asalto discográfico liderado por Josh Homme fue la confirmación de que estábamos ante una bestia completamente impredecible.

Lanzado en el año 2000, Rated R no solo significó la consagración definitiva del grupo. Además, sirvió como el experimento químico perfecto para preparar a las masas antes de la explosión mediática que supondría Songs For The Deaf.

La puerta giratoria y la advertencia del sello

Desde su génesis, la visión de Josh Homme para QOTSA era clara: crear un colectivo musical mutante, una puerta giratoria de músicos que permitiera que el verdadero protagonista fuera el sonido y no los egos. Para este segundo capítulo, la alineación núcleo se consolidó con el inestable y brillante Nick Oliveri en el bajo y las voces secundarias. Además, estuvo junto a Gene Trautmann en la percusión.

Pero la magia de Rated R también reside en su nutrida lista de invitados. De los 13 colaboradores, resaltan de inmediato nombres como el mismísimo «Metal God», Rob Halford (Judas Priest). También destaca la cavernosa presencia de Mark Lanegan (Screaming Trees), quien terminaría integrándose como miembro formal en el siguiente ciclo.

Un LP atrevido y con el espiritu de Queens Of The Stone Age

El título del álbum no es casualidad. Rated R («Clasificación R») fue una respuesta irónica al pánico de su propio sello discográfico. Las letras del disco pintaban paisajes densos, recordando a los sórdidos apartamentos de Trainspotting, repletos de excesos y heroína. Ante el espanto de los ejecutivos, la banda decidió apropiarse de la censura y convertirla en su bandera.

El disco no pide permiso para entrar. Te patea la puerta con «Feel Good Hit Of The Summer», un mantra vertiginoso donde la letra es, sencillamente, una lista de compras de la farmacia más ilícita posible: «nicotine, valium, vicodin, marijuana, ecstasy and alcohol», coronado con un estribillo letal de «co-co-co-co-co-cocaine». El título mismo es un dardo venenoso. Además, juega con el doble sentido de la palabra «hit» (un éxito radial o un golpe de droga).

Sin embargo, detrás de la fachada irreverente, Rated R esconde composiciones de una madurez abrumadora

La genialidad de su tracklist

«Better Living Through Chemistry» es quizás el clímax absoluto del LP. Es una pieza de más de cinco minutos que funciona como una clase magistral de tensión y liberación. Impulsada por riffs hipnóticos, un bajo sepulcral y una batería casi tribal, la canción colapsa en un mar de feedback antes de explotar en el minuto 2:33. Por otro lado, la producción, cortesía de la leyenda Chris Goss, hace que los instrumentos literalmente giren dentro de tus audífonos. Cualquier banda actual de post-rock debería tomar apuntes de esta pista.

Fiel a su humor ácido, Homme se burla de los clichés del rock introduciendo «anti-solos» en temas como «Monsters In The Parasol» o «Quick And To The Pointless». Así, desafía la técnica tradicional en favor de la estridencia y la actitud.

«In The Fade» es la canción de Mark Lanegan. El hombre que sobrevivió al grunge presta su voz rasposa para un lamento profundo de supervivencia urbana («Live ’til you die, I know»). Magistralmente, la pista se desvanece al final solo para engancharse nuevamente con el ritmo de «Feel Good Hit Of The Summer». Se trata de un guiño cíclico brutal que sugiere que el protagonista recae en sus adicciones. Además, Lanegan convierte temas que en otras manos serían estándar (como este o «Auto Pilot») en himnos de rock sombrío.

El álbum cierra con una odisea de más de ocho minutos, «I Think I Lost My Headache», que arranca con un compás de 15/8 y guitarras que suenan a un circo perturbador. La lírica exhala paranoia, acentuada por un tambor metálico latente. Hacia el final, la estructura colapsa y da paso a una sección de bronces cacofónica, disonante y surrealista. Es casi como si David Lynch hubiera secuestrado la consola de mezclas.

Rated R y el legado de una obra previo a su obra maestra

Rated R fue el puñetazo en la mesa de Queens of the Stone Age. La química tóxica entre Homme y Oliveri, combinada con la producción de Chris Goss (quien alguna vez dijo que la guitarra de Josh sonaba como «la reina de la Edad de Piedra», bautizando así al proyecto) y la inyección de talento de gigantes como Lanegan, forjó una placa imprescindible.

Si bien Songs for the Deaf se llevaría la gloria comercial y los estadios gracias al huracán Grohl en los tambores, es en Rated R donde reside el núcleo duro, peligroso y sin filtros de la banda. Así, este disco es un clásico moderno, tan venenoso hoy como lo fue hace más de veinte años.


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