Brian Wilson es uno de los genios absolutos de la música popular del siglo XX, fue capaz de inspirar al propio Paul McCartney y a un montón de leyendas actuales del rock. En este especial, dedicado al que hubiese sido su cumpleaños número 83 en la Radio del Rock recopilamos sus 10 obras magnas que todo melómano debe escuchar por lo menos, una vez en su vida.
In My Room
El primer gran vistazo al mundo interior de Brian. Mientras el resto de la banda cantaba sobre el surf y autos, él se refugiaba en su habitación para escapar de los abusos de su padre. Una balada íntima, precursora de su vulnerabilidad, con un trabajo armónico que ya se distanciaba del pop común de la época.
I Get Around
Su primer número uno en EE. UU. y la prueba de que Brian dominaba el hit comercial a la perfección. La estructura es fascinante: arranca directo con el coro a capela, mete cambios de ritmo abruptos y demuestra una producción enérgica que obligó a los mismísimos Beatles a mirar de reojo hacia California.
Don’t Worry Baby
La respuesta de Wilson al «Be My Baby» de The Ronettes (producida por su héroe Phil Spector). Es una de las melodías más perfectas jamás escritas, donde el falsete de Brian alcanza ribetes celestiales. Bajo esa fachada de canción sobre carreras de autos, se esconde un himno de profunda ansiedad e inseguridad emocional.
California Girls
La introducción orquestal de esta canción (inspirada en un viaje de ácido donde Brian visualizó la música de las películas del Viejo Oeste) es, por sí sola, una obra de arte. Aquí es donde Wilson empieza a usar a «The Wrecking Crew» para tejer arreglos sinfónicos dentro del esquema de una canción pop playera.
Wouldn’t It Be Nice
La apertura del disco que redefinió el pop. El brillo inicial de la mandolina da paso a una pared de sonido cargada de timbales, acordeones y vientos. Es la máxima expresión de la inocencia juvenil chocando de frente con el deseo de madurar, todo envuelto en una complejidad técnica impecable.
God Only Knows
Para muchos (incluido Paul McCartney), la canción pop perfecta. Brian rompió las reglas al usar la palabra «God» en el título de un tema secular y construyó una red de contrapuntos vocales y texturas con corno francés, violines y flautas. Interpretada magistralmente por su hermano Carl, es una declaración de amor eterno e existencial.
Caroline, No
El cierre de Pet Sounds y editada originalmente como el primer sencillo en solitario de Brian. Es una elegía sobre la pérdida de la inocencia, la madurez inevitable y el cambio. El detalle final del tren pasando y los perros ladrando (los de Brian, Banana y Louie) clausura una era dorada con una melancolía bellísima.
Good Vibrations
Su «sinfonía de bolsillo». La cima creativa de Brian Wilson. Grabada a lo largo de varios meses en cuatro estudios distintos, utilizando el theremín y un violonchelo como ganchos pop, y costando una fortuna para la época. Es un collage modular donde retazos de cinta se unen magnéticamente para crear una suite psicodélica insuperable.
Surf’s Up
La joya de la corona del mítico y frustrado proyecto SMiLE. Con una letra críptica de Van Dyke Parks y una estructura de dos partes que transita desde la sofisticación barroca hasta un mantra coral oscuro y espiritual («Child is the father of the man»). Una composición que demuestra que Wilson operaba en otra dimensión mental y musical.
Love and Mercy
El renacimiento. Tras años oscuros de reclusión, problemas de salud mental y el control del terapeuta Eugene Landy, Brian Wilson abrió su álbum debut como solista con este desgarrador y hermoso ruego por paz en un mundo violento. Es su firma definitiva: a pesar de todo el dolor, la música siempre fue su salvación.
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