«The New America» es, posiblemente, la obra más incomprendida de la banda californiana. A menudo agrupado junto a su predecesor, «No Substance», en las listas de los trabajos «menos logrados» del grupo. Lo cierto es que con la perspectiva del tiempo el álbum se revela como una pieza intensa y necesaria. Por ello, merece ser rescatada del olvido.
El contexto de una crisis creativa en Bad Religion
Para entender este disco hay que mirar hacia atrás. Tras la salida del guitarrista y co-compositor Brett Gurewitz en 1994, el peso de la banda recayó totalmente sobre los hombros de Greg Graffin. Si bien «The Gray Race» mantuvo la inercia ganadora, para el año 2000 las ideas parecían agotarse.
Sin embargo, ese agotamiento se transformó en honestidad. Marcado por el divorcio de Graffin y el convulso panorama político de la era Clinton, el vocalista compuso el 100% de un material. Este resultó ser el más personal en cuanto a temática lírica de toda su carrera.
La producción en el paraíso y el regreso de una alianza histórica
Grabado en la isla de Kauai bajo la producción de Todd Rundgren, el álbum tuvo detalles curiosos, como portadas diferentes para EE.UU. y el resto del mundo. Además, se expandió hasta las 17 canciones en sus versiones internacionales. Pese a las críticas, el disco logró posicionarse en el número 88 del Billboard 200, impulsado por el single homónimo.
Sin embargo, el dato que realmente encendió la esperanza de los fans fue la participación esporádica de Brett Gurewitz en la guitarra para el tema «Believe It». Este fue un guiño que vaticinaba el regreso de la sociedad compositiva más importante del punk rock pocos años después.
Al revisar el tracklist, encontramos joyas que muchos han omitido. «Believe It» es, sin duda, el punto más alto. Es una canción redonda de 3 minutos y 43 segundos con un gancho demoledor y las guitarras más afiladas del plástico.
Sin embargo, es la esencia pura de Bad Religion: melodía impecable y crítica social mordaz. Cortes como «1000 Memories», «A Streetkid Named Desire» y «It’s A Long Way To The Promise Land» mantienen el estándar de agilidad y coros potentes que definen a la banda de Los Ángeles.
Diversión en el cambio de milenio
El disco también se permite momentos divisivos pero memorables. «I Love My Computer» es a menudo tildada de «tonta». Sin embargo, su tono divertido y pegadizo logra sacar una sonrisa a cualquiera que no se tome el género demasiado en serio.
Por otro lado, la semi-balada «Whisper In Time» aporta una cuota de épica y nostalgia que resuena con fuerza en quienes crecieron con este sonido. En definitiva, «The New America» no es un disco «malo». Es el testimonio de una banda fiel a sí misma, atravesando una tormenta para salir fortalecida.
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