Miguel Tapia, el hombre que marcó el pulso de toda una generación desde la batería en compañía de Jorge González y Claudio Narea con Los Prisioneros, cumple 62 años.
Su historia no es solo la de un músico talentoso. También es la del guardián de un legado que nació en las salas de clase del Liceo 6 de San Miguel. Ese legado terminó por cambiar para siempre la identidad sonora de nuestro país.
El germen de un fenómeno sin igual
Nacido en 1964, la historia de Miguel está intrínsecamente ligada a la de Jorge González. Siendo compañeros de liceo, su amistad fue el verdadero germen de lo que más tarde se convertiría en Los Prisioneros. Con la incorporación de Claudio Narea, el trío sanmiguelino dio vida a un fenómeno que mezcló la crítica social con melodías imbatibles.
Tapia es el único integrante, junto a González, que estuvo presente en la totalidad de la historia de la banda. Desde el estallido inicial entre 1984 y 1991, hasta el masivo retorno entre 2001 y 2006, ambos estuvieron allí.
Exploración electrónica y lealtad creativa
Tras la primera disolución del grupo y la salida de Narea en 1989, Miguel apoyó a Jorge en la decisión de cerrar el ciclo en 1991. Lejos de detenerse, Tapia se aventuró en nuevos territorios sonoros junto a Cecilia Aguayo en Jardín Secreto. En ese proyecto exploró los sonidos electrónicos a través de dos discos.
Siempre mantuvo una cercanía vital con González. Por ello, eso los llevó a formar Los Dioses en 1998 junto a Argenis Brito, un proyecto fugaz que, aunque terminó abruptamente en plena gira, demostró la inquebrantable sociedad artística entre el baterista y el vocalista.
El retorno al Estadio Nacional y los años de conflicto
El año 2001 marcó un hito histórico con la reunión de la formación original. Miguel fue protagonista de los dos conciertos agotados en el Estadio Nacional, una segunda época que trajo consigo dos discos de estudio y giras internacionales. Sin embargo, este proceso también estuvo marcado por la complejidad de las relaciones internas y el bullado conflicto con Claudio Narea.
Esta etapa finalizó definitivamente en 2006, durante un concierto en Venezuela, cerrando así el capítulo de la banda más importante de Chile.
Reinventándose en Pirque y el rescate de «Corazones»
En los años posteriores, Tapia continuó su camino musical con una resiliencia envidiable. Desde la creación de Razones Humanitarias hasta la sociedad Narea-Tapia en 2009, el músico nunca dejó de tocar. Además, en 2013, radicado en la localidad de Pirque, formó el colectivo de fusión latinoamericana Travesía, donde se desempeñó como percusionista, compositor y productor.
Recientemente, en 2023, Miguel retomó la agenda en vivo con una propuesta que emocionó a los nostálgicos: la interpretación íntegra del álbum «Corazones», llevando por diversas ciudades de Chile el disco que marcó el giro electrónico de Los Prisioneros.
A sus 62 años, Miguel Tapia sigue siendo un referente de vigencia y pasión. Desde la 88.9 saludamos al baterista que, con su ritmo y su visión, ayudó a construir la banda sonora de la libertad en Chile.
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