En una reciente entrevista en Palabras Sacan Palabras con Álvaro paci, la destacada actriz y dramaturga Claudia Pérez compartió una profunda reflexión sobre el ejercicio del arte en el Chile actual.
Durante la conversación, la artista abordó cómo el cambio de clima político ha impactado directamente en su trabajo sobre las tablas, especialmente en obras con alta carga social.
Un cambio de atmósfera en el escenario
Claudia Pérez regresó al Teatro Mori Recoleta con la obra «Las Aristócratas», una pieza que explora las tensiones de clase, la maternidad y la política chilena. Sin embargo, la actriz notó una diferencia sustancial en la recepción del público y en su propia sensación de seguridad al interpretar el texto en comparación con meses anteriores.
Al ser consultada sobre este fenómeno, Pérez fue enfática: «Las mismas aristócratas, hicimos las funciones ponte tú en marzo. Y era muy distinto hacer una función ahora con la ultraderecha en el poder es muy distinto». Según su relato, la atmósfera que rodea a las producciones culturales ha mutado drásticamente en un corto periodo de tiempo.
La sensación de peligro y exposición
La actriz profundizó en la comparación entre el escenario político previo y el actual. Para ella, el cambio no es solo una percepción subjetiva, sino algo que se siente físicamente al decir los textos frente a una audiencia. «Es distinto hacer esta misma obra en el gobierno de Boric que hacerla ahora. Se siente más peligroso», confesó en los micrófonos de Radio Futuro.
Esta sensación de riesgo está ligada a la validación de ciertos discursos que, según Pérez, generan una respuesta distinta en el espectador. «Hay un discurso que uno siente que puede ser más peligroso. Y entonces uno se para desde otro lugar». En este sentido, la vulnerabilidad del artista se ha vuelto más patente. Especialmente cuando la obra toca fibras sensibles de la historia nacional.
Vulnerabilidad ante la audiencia
Uno de los momentos más reveladores de la entrevista fue cuando Claudia Pérez relató su reciente experiencia en el Teatro Biobío. Allí, al interpretar diálogos que critican a las élites y a ciertos sectores políticos, experimentó una incomodidad inédita. «Yo me sentí más vulnerable cuando lo dije en términos de la recepción de la audiencia. Claro, como que estoy más expuesta, me sentí más expuesta», comenta.
La actriz sostiene que el teatro no es una burbuja aislada, sino un ente que se transforma junto con los ciudadanos que lo consumen. «Cambia la sociedad y cambia el teatro. Si el teatro va mutando con el público también», señaló, subrayando que la carga política de una obra no reside solo en el libreto, sino en el contexto histórico en que se representa.
El desafío de dirigir a Lemebel
De cara al futuro, Pérez se prepara para dirigir una nueva versión de «Tengo miedo torero», basada en la obra de Pedro Lemebel. El proyecto, que aborda la militancia del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y el atentado a Pinochet, supone un reto mayor en el presente. «Poner ese tema hoy con la ultraderecha en el poder es distinto, uno se siente más expuesto», advirtió.
A pesar del temor, la actriz ve en esta exposición un motor para seguir creando. Para ella, el arte debe ser una respuesta a la hostilidad. «En una época donde se escuchan todo el día los discursos de odio y está tan violento todo, el rescatar una historia de amor y de romance… siento que la ternura es rebeldía».
El costo de la militancia y el odio en redes
Finalmente, Claudia Pérez no rehuyó hablar de las consecuencias personales y laborales de su postura política de izquierda y su participación en procesos como la campaña del Apruebo. Confesó que el maltrato digital es una realidad constante: «No me quiero acostumbrar al maltrato porque si uno se acostumbra al maltrato también. Lo naturaliza y no puede ser. Uno tiene que luchar contra eso».
Además del costo emocional, Pérez reveló que existen castigos laborales concretos por parte de auspiciadores y marcas. «Si hay una marca que te va a auspiciar alguna obra o algo te dicen ‘no, sabes que no, tú te metiste mucho en la convención constituyente'». Incluso, relató presiones directas en sus plataformas digitales: «Me acuerdo de la época cuando en las redes sociales también me decían ‘si tú bajas esto, yo te puedo comprar un podcast’. Re pedían bajar cosas de tus redes sociales».
Para la actriz, este escenario de censura y polarización refuerza la necesidad de un teatro que no retroceda, incluso cuando el entorno «se siente más peligroso».
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