A lo largo de su trayectoria, el dúo Perrosky ha sido etiquetado en más de una ocasión por sus cercanos y la prensa especializada como «el mejor secreto guardado de Santiago».
Sin embargo, detrás de esa chapa de banda de culto y de un recorrido alejado de las luces comerciales, existe una visión mucho más expansiva sobre lo que significa hacer música en Chile.
En la más reciente edición del programa RockShop, Álvaro Gómez (voz y guitarra) se desmarcó sin tapujos de los clásicos prejuicios del mundo indie, entregando un contundente respaldo a las ambiciones de la nueva sangre del rock nacional.
El fin del estigma y el anhelo de la Quinta Vergara
Históricamente, en ciertos circuitos independientes, el deseo de masividad ha sido mirado con recelo. Pero para Álvaro Gómez, esos límites autoimpuestos ya no tienen cabida. Consultado directamente por Rainiero Guerrero sobre si, mirando en retrospectiva, le habría gustado dar el salto hacia la masividad absoluta y pisar el escenario más importante del país, el músico fue honesto y directo:
«Me encantaría serlo, fíjate, llegar al festival de Viña… sí, no sé, entretenido».
El respaldo a la ambición de la Nueva Escena
Durante la conversación, el director de Radio Futuro puso sobre la mesa la actitud de la nueva camada del indie chileno. Bandas que hoy repletas recintos, como Candelabro, Asia Menor o Gcel, declaran abiertamente y sin ningún complejo que quieren ser populares, sonar en la radio, llegar al Festival de Viña del Mar o llenar un Estadio Nacional.
Lejos de la crítica purista, Gómez valida totalmente esta hambre de triunfo, destacando que el éxito de estas agrupaciones radica en una profunda honestidad cultural.
«Yo creo que hay algo que es súper interesante… es una vuelta un poco a una cierta idiosincrasia, ¿no? Y eso se ve reflejado en que su público lo entiende y no sé, es súper interesante, encuentro yo, que ocurre este fenómeno».
Para el frontman de Perrosky, la conexión de estos nuevos talentos no es una casualidad fabricada, sino una respuesta orgánica a una generación que se ve representada genuinamente en sus letras y sonidos.
Democratizar los mega escenarios
El punto más álgido de la reflexión llegó al cuestionar el monopolio de los grandes recintos. La mitad de Perrosky hizo una defensa férrea del talento local, interpelando la costumbre chilena de reservar los escenarios masivos y estelares de forma exclusiva para las megabandas internacionales anglosajonas. ¿Por qué el nuevo underground chileno no puede aspirar a ese mismo nivel de idolatría en su propio país?
«Me parece súper bien que si el día de mañana Candelabro está en Viña del Mar, ¿por qué no? O sea, ¿por qué tiene que ser, no sé, Depeche Mode o Pet Shop Boys, pero no puede ser Candelabro?».
Un recordatorio de que la música chilena tiene el nivel, la conexión y el derecho absoluto de reclamar los escenarios más grandes, sin pedir disculpas por querer conquistar a las masas.
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