En entrevista con Palabras Sacan Palabras de Radio Futuro, el exministro de Salud, Jaime Mañalich, no solo analizó la crisis de gestión del gobierno del Presidente José Antonio Kast, sino que protagonizó uno de los momentos políticos más comentados de la jornada al referirse en términos demoledores a la figura de Pablo Longueira.
La conversación, conducida por Andrea Moletto y Álvaro Paci, se inició abordando la protesta de alcaldes frente a La Moneda por el recorte presupuestario en salud. Sin embargo, el tono cambió radicalmente cuando se consultó a Mañalich por las recientes críticas de Longueira respecto al alza de los combustibles.
El «desconocimiento» de Mañalich
Al ser consultado sobre las declaraciones de Pablo Longueira, quien afirmó que «jamás habría traspasado» el alza de combustibles a la ciudadanía, la respuesta de Mañalich fue de una indiferencia cortante. «¿Quién es? Ya no me acuerdo. ¿Qué hace ese señor? O sea, no, no sé. Hablemos en serio», espetó el exministro, invalidando de inmediato al histórico dirigente de la UDI.
Ante la insistencia de los conductores sobre el deseo de Longueira de retomar la presidencia de su partido, Mañalich fue aún más tajante: «Sin comentarios… Porque nuestra época ya pasó. Pues Pablo, sosiégate». Esta frase no solo fue un ataque personal, sino el preámbulo para una profunda reflexión sobre lo que él denomina la crisis de la clase política tradicional.
El «taponamiento» de una generación
Mañalich no se limitó a ningunear a Longueira. Utilizó su figura como ejemplo de un problema estructural que afecta a Chile desde el retorno a la democracia. Para el exsecretario de Estado, la persistencia de figuras del pasado es un obstáculo para el desarrollo del país.
«No tiene nada más que aportar», sentenció Mañalich sobre la generación de Longueira. El médico explicó que «una parte fundamental de la crisis política que nosotros tenemos es el taponamiento post dictadura que se hizo a una generación completa en la cual el gobierno, los ministerios, etcétera, lo tomaron los antiguos y hay toda una generación que buscó caminos alternativos». Según su análisis, este fenómeno obligó a muchos liderazgos jóvenes a salirse de estructuras tradicionales como la UDI o el PPD para buscar sus propios rumbos fuera del sistema establecido.
La crisis del «envejecimiento político»
El diagnóstico de Mañalich fue lapidario al conectar este fenómeno generacional con la inestabilidad actual del sistema. «Es una parte sustantiva de nuestra crisis, el envejecimiento de la clase política. Y en ese sentido, yo creo que hay que darle espacio a la gente joven. Con buena formación. Que tenga vocación para ir escalando los municipios donde fuera y llegar a ocupar responsabilidades mayores del Estado», afirmó con convicción.
Incluso, Mañalich hizo una autocrítica indirecta al incluirse en este retiro necesario, señalando que la dictadura generó un «quiebre generacional por la dictadura desde el punto de vista de la promoción política muy grave» que aún no se logra subsanar.
Contexto de una gestión «débil»
Estas declaraciones ocurren en un momento en que Mañalich observa con distancia y sentido crítico los primeros dos meses de la administración de José Antonio Kast. El exministro describió el actual periodo como una «instalación que no ha sido fácil», marcada por un «cambio cultural bastante gigantesco». No obstante, criticó duramente lo que llamó un «diseño débil» en La Moneda, donde los ministros no parecen tener el empoderamiento necesario.
Para Mañalich, el episodio del «oficio de recortes» de Hacienda es prueba de una gestión deficiente que él define como un «gallinero». «La gestión del estado se hace primero persona a persona, diálogo, diálogo, conversación. Esto es lo que no se manda un documento que nadie ha revisado… son errores graves que hay que corregir», señaló al contrastar la forma de gobernar actual con la que él conoció bajo el mando de Sebastián Piñera.
Finalmente, al cerrar el tema generacional, Mañalich reiteró la necesidad de una «épica» y un relato que los actuales actores políticos no han logrado construir, atrapados en discusiones que calificó de «provincianas» frente al nuevo orden geopolítico mundial. Con su invitación a Longueira a que se «sosegara», Mañalich puso el sello a una jornada donde dejó claro que, a su juicio, los «antiguos» deben finalmente dar un paso al costado.
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