ENTREVISTAS

«Hizo que se pusieran los ojos en la región»: La banda de la Nueva Escena que está en la vanguardia del rock en Temuco y el sur de Chile

Pablo Villouta y Toño Rebolledo analizan el auge del rock en el sur de Chile, la autogestión de los colectivos y el nuevo ecosistema creativo regional.

Asia Menor X Clemente Mora Web
Clemente Mora

La ciudad de Temuco, ubicada a más de 600 kilómetros de Santiago, se ha consolidado como un polo creativo fundamental para la música independiente nacional.

En una reciente entrevista con Cristóbal Orellana en Nueva Escena de Radio Futuro, Pablo Villouta (Doble Cara/Unísono Records) y Antonio “Toño” Rebolledo (Todos Mis Amigos Están Tristes) desglosaron las razones de este fenómeno. En el centro de esta conversación surgió un nombre clave: Asia Menor, la agrupación que marcó un antes y un después en la percepción del rock sureño.

El catalizador de la escena: Asia Menor

Para los protagonistas de la escena actual, el éxito de Asia Menor no es un evento aislado, sino el motor que permitió que la industria y el público fijaran su atención en la Araucanía. Pablo Villouta es enfático al respecto: «tenemos que darle harto las gracias a Asia Menor que hizo que se pusieran ojos en Temuco». Según el músico y gestor, aunque siempre existió una actividad potente en géneros como el punk y el metal, faltaba una estructura que permitiera al rock alternativo trascender las fronteras regionales.

Por su parte, Toño Rebolledo, frontman de Todos Mis Amigos Están Tristes, recuerda el impacto personal que tuvo ver a la banda antes de la edición de su disco debut. Para él, Asia Menor fue una validación de sus propias ambiciones artísticas: «fue una gran parte de nuestras inspiraciones también de poder ver así como ‘oye, cacha, a mí me gusta el pop de guitarra pero como escucharlo diferente’ y llegando recién a Temuco decir ‘Oh mira en podemos hacer algo más más diferente también'». Esta experimentación sonora fue la señal que necesitaban, al pensar que «igual puede funcionar si ellos están haciendo algo, si se están atreviendo con algo distinto».

Un ecosistema de «apañe» y autogestión

Sin embargo, el éxito no depende solo de una banda, sino de un modelo de trabajo comunitario que los entrevistados denominan como un «clúster creativo». A diferencia de lo que ocurre en otras zonas del país, en Temuco la competencia ha sido reemplazada por la colaboración estratégica. Villouta explica que «acá no crece Temadet solo, no crece La Cámara solo, no crece Doble Cara solo, no crece Panoramaal solo; estamos todos constantemente como dentro de ese de ese clúster ese clúster creativo que se va dando a apoyándonos entre todos mutuamente».

Este modelo de gestión nació de una necesidad básica: ante la falta de espacios, los músicos decidieron tomar el control de la producción. La consigna fue clara: «si las oportunidades no surgen, no salen, hay que crearlas hay que abrirse paso no más». Este impulso llevó a la creación del Festival Doble Cara y a la consolidación de sellos y colectivos que operan bajo un «feedback de tú me ayudas yo te ayudo», fortaleciendo una relación que va más allá de lo laboral y se sustenta en la amistad y el disfrute por la música.

La vanguardia del sur se expande

El fenómeno de Temuco es solo una pieza de un mapa mucho más grande que está revitalizando el rock chileno desde las regiones. Durante la charla, destacaron que el buen momento del género no se concentra solo en la capital. Mencionaron proyectos en Valdivia con el Sello Todo lo Contrario y la banda En Mono; en Concepción con Suave Hiperfoco y Aeródromo; y en Puerto Montt con Los Fotovoltaicos.

Especial énfasis pusieron en la banda de Ancud, Avenida Caracoles, de quienes aseguraron que «deberían venir a Santiago porque estoy seguro que la romperían y la performance en vivo que tienen es muy bacán». Esta efervescencia regional demuestra que, siguiendo la senda abierta por Asia Menor, el sur de Chile ha dejado de ser la periferia para convertirse en la verdadera vanguardia del rock actual.

Finalmente, para quienes están comenzando en el público, Toño Rebolledo deja un mensaje directo: «háganlo, háganlo, pónganle si quieren hacer música», instando a las nuevas generaciones a no ser espectadores pasivos y a construir sus propios espacios colectivos.


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