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El secreto de Pete Townshend: El día que el líder de The Who confesó que «se enamoró» de George Harrison

El líder de The Who pasó de criticar al guitarrista de The Beatles a quedar perdidamente cautivado por su espíritu.

Pete Townshend George Harrison 1970 Web
Getty Images

Pete Townshend, el legendario cerebro detrás de The Who, nunca fue alguien que se dejara impresionar fácilmente por la mística del rock and roll. Para él, los músicos eran personas normales, y no consideraba que nadie fuera superior a él por tener un don musical.

Sin embargo, incluso el hombre que escribió «My Generation» tuvo un momento de vulnerabilidad absoluta frente a la presencia de un Beatle.

De considerarlo «mediocre» a la admiración total

La relación de Townshend con la obra de los Fab Four no fue amor a primera vista. Inicialmente, Townshend no estaba impresionado por el sonido pop de sus primeros éxitos como «Please Please Me». De hecho, su opinión sobre la técnica de George Harrison era notablemente ácida. En una entrevista de 1970, llegó a decir que el estilo de George como guitarrista le parecía «mediocre» (lame), admitiendo que no podía encontrar en él un modelo a seguir.

Todo cambió cuando Pete Townshend comenzó a conocer al hombre detrás de la fama. Mientras que Paul McCartney era jovial y John Lennon mantenía su sarcasmo habitual, fue la sinceridad y el compromiso espiritual de Harrison lo que realmente impactó al guitarrista y líder de The Who.

La noche del «flechazo» en Friar Park

El momento definitivo ocurrió bajo circunstancias curiosas. Pete Townshend acompañó a su amigo Eric Clapton a la mansión de George Harrison, Friar Park. La misión de Townshend era casi cómica: debía distraer a George mientras Clapton intentaba convencer a Pattie Boyd, entonces esposa del Beatle, de que lo dejara. Mientras el drama amoroso de Clapton se desarrollaba en otra habitación, Pete y George se sumergieron en una conversación que Townshend jamás olvidaría.

En sus memorias y diversas entrevistas, Pete ha descrito esa velada como una experiencia transformadora. A pesar de las diferencias en sus trayectorias, la conexión fue instantánea y profunda. Townshend lo relata con una honestidad brutal: «George estaba feliz de hablar conmigo sobre el misticismo indio y la música, incluso sobre su uso de la cocaína. Me resultaba difícil seguir su razonamiento de que en un mundo de ilusión nada importaba. Ni la riqueza ni la fama, el abuso de drogas o el consumo excesivo de alcohol, nada más que el amor a Dios. Nos sentamos en su maravilloso estudio de grabación y hablamos durante dos horas. Me enamoré de George esa noche. Su humor sardónico, pausado y de Liverpool era encantador. Su compromiso espiritual era absoluto».

Un vínculo de misticismo y respeto

Esa noche, Townshend quedó cautivado no solo por el carácter de Harrison, sino por su visión del mundo. Aunque George inicialmente dudaba de la seriedad de Pete respecto a su propia espiritualidad —llegando a decir en 1976 que Townshend solía hablar tonterías cuando estaba bajo los efectos de sustancias—, con los años desarrollaron un respeto mutuo inquebrantable por sus respectivos caminos.

Pete, seguidor de Meher Baba, y George, devoto de la cultura hindú, encontraron un punto común en la idea de que la música era un medio para comunicarse con lo divino. Townshend llegó a considerar a George no solo un amigo, sino un «confidente musical» que entendía el verdadero poder de su arte.

El legado de una amistad eterna

La muerte de George Harrison en 2001 afectó profundamente a Townshend. En su libro «Who I Am», Pete reflexiona sobre el vacío que dejó el guitarrista, a quien describió como un hombre amoroso y tranquilo que finalmente había encontrado la paz espiritual que todos deseaban para él.

El impacto de George fue tal que Pete decidió emular la apertura del Beatle, quien compartía su hogar y estudio con sus fans a través de su música. La influencia de esa «caída enamorada» perduró por décadas, demostrando que, más allá de la rivalidad de las bandas más grandes de Inglaterra, existía un vínculo de amor y respeto que definió una era del rock.


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