MALDITO ROCK AND ROLL

RESEÑA // “S&M2” finalmente logra la ideal integración entre el metal y lo sinfónico

Repasamos el recién lanzado registro en vivo de Metallica y la orquesta sinfónica de San Francisco.

Metallica

Cuando en noviembre de 1999 se publicó el original “S&M”, que juntó a Metallica con la reputada Orquesta Sinfónica de San Francisco, las reacciones fueron múltiples. Desde que era un sacrilegio el que los padres del thrash incursionaran en terrenos más propios de las “pretensiosas” bandas progresivas, hasta que se trataba de una unión de fuerzas magistral, más todos los matices intermedios. Hasta hoy, muchos consideran el disco un clásico, y de hecho apareció en una de las ediciones del conocido libro “1001 Discos que hay que Escuchar Antes de Morir”.

Pero una de las visiones con más fuerza (antes y ahora), apoyada por este comentarista, consiste en que en esa primera colaboración se estaba lejos de una ideal fusión de mundos. La orquesta se escucha solo como de “apoyo”, y termina siendo un mero fondo abarrotado de clichés de bandas sonoras de Hollywood, donde la armonía entre ambas partes solo se alcanza en escasos momentos como “The Call of Ktulu” y “One Leaf Clover”. Esta última de manera natural, pues fue una de las dos piezas concebidas específicamente para aquel proyecto. Incluso no es secreto que el fallecido Michael Kamen no era precisamente un gran maestro de la batuta.

Este nuevo “S&M2” viene a saldar todas las deudas. Grabado en septiembre del año pasado para inaugurar el Chase Center de la ciudad de San Francisco, el álbum resultante excede al original en cada uno de sus parámetros. De partida, el sonido, la mezcla resultante, es infinitamente superior, lo que no debe extrañar dado el paso del tiempo, y que los recordados 90s ya han quedado muy atrás.

Luego, frente a la orquesta tenemos a un músico de sólida formación en el arte de la dirección, como es Edwin Outwater. Pero el punto fundamental, es que finalmente se obtiene un verdadero equilibrio entre ambos universos, el del rock y el metal, y el de la música sinfónica y de tradición escrita.

Los arreglos de los temas que se repiten en el setlist se actualizaron, buscando precisamente una mayor interacción con la banda. Material melódico, armónico y rítmico, se reparte inteligentemente entre la banda y la masa orquestal, sacando aún mayor brillo a joyas como “One”, “Master of Puppets” y “For Whom the Bell Tolls”.

Por otra parte, la orquesta tuvo mayor espacio para su propio lucimiento, con la inclusión de dos piezas del repertorio “clásico”, como son el segundo movimiento de la “Suite Escita” de Sergei Prokofiev, y la futurista “La Fundición del Acero” del también ruso Alexander Mosolov. Esta última interpretada CON Metallica. En el mismo espíritu se incluye “The Unforgiven III”, donde la solitaria voz de James Hetfield es acompañada solamente por la orquesta, y el emocionante tributo a Cliff Burton, en que el primer contrabajo de la San Francisco Symphony interpreta el solo “Anesthesia” en un instrumento eléctrico.

Cada disco de estudio de la banda está representado, por lo que hay material de los álbumes posteriores a 1999, erigiéndose así en una retrospectiva ideal de esta fundamental banda, ya hace rato convertida en clásicos en todo sentido del término. Una mención final al “cameo” que hace el saliente director titular de la orquesta, el carismático Michael Tilson Thomas, dirigiendo algunas de las selecciones.

En suma, esta redonda producción tocará una fibra no solo en los acérrimos fans del grupo, sino que en los amantes del rock en general, y me atrevería a decir que también en los fans de la música clásica que posean sensibilidad por otros lenguajes. Sin duda uno de los lanzamientos discográficos que más brillarán en este oscuro año 2020.


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