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RESEÑA // Iron Maiden en Estadio Nacional: Tras la gala, viene la fiesta

Humor, teatralidad y espectáculo fue la celebración en clave heavy metal con el cierre mundial de “Legacy of the Beast” en el principal reducto de Ñuñoa. Luego de un Arena para algunos, el Estadio Nacional entregó un show que pocos olvidarán con 87.000 anfitriones recibiendo a los británicos.

16 Oct, 2019

Humor, teatralidad y espectáculo fue la celebración en clave heavy metal con el cierre mundial de “Legacy of the Beast” en el principal reducto de Ñuñoa. Luego de un Arena para algunos, el Estadio Nacional entregó un show que pocos olvidarán con 87.000 anfitriones recibiendo a los británicos.

Por Diego Puebla
Fotos: Roberto Vergara

Al igual que cualquier ceremonia de celebración, lo de Iron Maiden en nuestro país con dos fechas en un “íntimo” Movistar Arena fue una postal del recuerdo, para los pocos asistentes que fueron afortunados al ver a una banda de tal nivel de convocatoria en un reducto más reducido.

Para los que no tuvieron la oportunidad, el pasado martes 15 de octubre en el Estadio Nacional se vivió el concierto original de la Bestia con todas las localidades vendidas. Realizando una analogía, fue lo más cercano a una gala lo del Arena y luego en Ñuñoa se vivió la fiesta para las 87.000 personas que llegaron a presenciar la atípica fiesta, en el show con más convocatoria de una banda anglosajona en nuestro país y que decir dentro del género metal.

En esta celebración se pudo ver de todo. Los desordenados que burlaron los controles ingresando bengalas y fuegos de artificio, los más tranquilos que de mitad para atrás observaban asintiendo la cabeza, y los invitados de piedra que seguramente fueron invitados pero que se llevaron una experiencia sin igual y los que disfrutaron como si no hubiera un mañana.

Con un anfitrión respetuoso de la trayectoria, Iron Maiden cumplirá 45 años de trayectoria y el público lo sabe, entregando el premio honorífico a ser la agrupación que más convocó en la historia de nuestro país.

Con un espectáculo idéntico al del recinto de Parque O’ Higgins, pero menos cuidadoso de los detalles por la magnitud del escenario, “Aces High” provocó el primer cántico de los riffs entregados por el bloque de cuerdas, que culminó al finalizar la presentación.

Preocupados a todo momento por el espectáculo, sin ningún técnico o parte del staff a la vista, Iron Maiden mostró uno de los mejores shows dentro de los 10 que se han realizado en nuestro país. Constantes cambios de vestuario, un sonido pulcro que solamente faltó incrementar el volumen y atractivos visuales como la réplica de la aeronave Spitfire, un Eddie cada vez más móvil que incluso batalló en una guerra de espadas con Bruce Dickinson, fue baleado y golpeó en el trasero al vocalista hicieron de “The Trooper”, un verdadero musical.

En la música, los aclamados actos progresivos como “Sign of the Cross” o “The Clansman” que hablando de la libertad, ayudaron a descentralizar el material de Iron Maiden a sus éxitos más conocidos. En una entrega constante, la fiesta metalera siguió con sus puntos altos como en la retroalimentación en “Fear of the Dark”. Mientras la banda contaba esta terrorífica canción, los chilenos entregaron luz a la banda en el constante miedo relatado por Dickinson iluminando el estadio entero con la linterna de sus celulares.

Desde heavy metal puro con “The Wickerman” en un solo extraordinario por parte de Adrian Smith, las constantes intervenciones del prócer Dave Murray o el hiperquinético Janick Gers, más el estandarte Steve Harris o el encargado del pulso, Nick McBrain fueron el alma de esta conmemoración rockera que culminó luego de la cordial despedida de sus organizadores tras dos horas de espectáculo, con todo el peso de lo que la palabra se refiere.

Humor, teatralidad y espectáculo fue la celebración en clave heavy metal con el cierre mundial de “Legacy of the Beast” en el principal reducto de Ñuñoa. Luego de un Arena para algunos, el Estadio Nacional entregó un show que pocos olvidarán con 87.000 anfitriones recibiendo como solo Chile sabe a los británicos. Siempre tras la gala, viene la fiesta y vaya que estuvo buena…

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